Es 15 de enero de 2021 y ya han transcurrido 3 años de lo que fue la masacre en El Junquito. Óscar Pérez y seis integrantes de su grupo, entre ellos una mujer, fueron asesinados durante un operativo militar-policial sin precedentes en el país, en una zona de Caracas que hoy se divide entre el hermetismo y el abandono.

Raylí Luján / La Patilla

Entre 10 y 15 minutos es el tiempo de recorrido por la nueva carretera Mamera-El Junquito, que conduce directamente hacia la urbanización Araguaney, donde se llevó a cabo aquel despliegue. Fue la más transitable en aquel entonces y lo sigue siendo ahora. Desde ella es posible visualizar los escombros o lo poco que quedó del chalet, que por un tiempo dio refugio a Pérez, Daniel Soto, José Díaz Pimentel, Abraham Lugo, Jairo Lugo, Abraham Agostini y Lisbeth Ramírez.

 

 

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En el kilómetro 16 de esa vía reposa una alcabala militar. Es la única actualmente, a diferencia de las tantas otras que vigilaban un par de años atrás, la urbanización que en su momento fue peinada sin descanso por las autoridades del régimen de Nicolás Maduro, enfrentado por Óscar Pérez, exfuncionario del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc).

13 de enero 2021 / La Patilla

Esas trabas para llegar hasta el punto del chalet, otros 10 minutos de recorrido desde el primer portón de la urbanización Araguaney, ya no existen. Solo se encuentran establecidos dos puestos de la seguridad interna y la supervisión de datos para el ingreso ni siquiera es requerida. La maleza así como el silencio se han apoderado de la zona. Es como si la montaña tomara su espacio nuevamente, ese mismo que presenció hasta el lanzamiento de una bazuca.

Una casa, que antes estuvo inhabitada, sorprende al llegar. Ahora le acompaña un gran estacionamiento, una chivera en el que se resguardan vehículos desguazados y hasta quemados. Es la vivienda que curvea el chalet. En el camino, que se mantiene desolado, un hombre se refiere a lo ocurrido en 2018. “Todo se escuchaba muy feo”, fue lo único que alcanzó a decir. No quiso hablar de más, nadie quiere hacerlo. La población parece recordar y temer.

Algunos habitantes hablaron sobre un robo hace un par de semanas dentro de Araguaney. No se explican cómo el día en que fue asesinado Óscar Pérez y su grupo, los funcionarios rompieron portones sin mediar y ahora ni siquiera aparecieron ante el hecho delictivo.

El residente de otra urbanización conjunta recordó brevemente que la ráfaga de disparos comenzó a las 5 de la mañana o antes, pero ninguno supo identificar lo qué pasaba sino hasta muchas horas después, cuando empezaron a circular los videos difundidos por Pérez en redes sociales sobre el ataque que estaban sufriendo, aún cuando declararon su rendición. Todavía muchos se preguntan cómo fue que no pudo escapar, siendo un funcionario con estudios tácticos.

Aquel día dejó fuertes secuelas en una población que estuvo incomunicada y aterrorizada, dentro de su propio hogar. Las declaraciones reservadas son el resultado de los interrogatorios consiguientes a la masacre, en los que los habitantes fueron incluso despojados de sus pertenencias.

Es un vacío que perturba. Los testigos existen pero están en silencio. No hay respuestas ni explicación luego de tres años de una ejecución extrajudicial a siete ciudadanos, que pidieron por el respeto a sus vidas y no se cumplió.

A tres años de la masacre en El Junquito: Cómo cambió la zona que vio a Óscar Pérez y su grupo ser asesinados