Foto William Urdaneta / Archivo

Agosto 08, 2018.- La democracia es el hilo conductor de los derechos humanos emergentes, en ese sentido es difícil imaginar a otro régimen político que pueda ofrecer condiciones más adecuadas para el desarrollo de los derechos humanos.

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La Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes constituye un instrumento programático generado por instituciones y organizaciones de la sociedad civil internacional con el objeto de posicionar a los Derechos Humanos en el presente milenio.

La declaración que los agrupa y expone es el producto de un proceso de reflexión, discusión y debate que tuvo como escenario el Foro Universal de las Culturas realizado en Barcelona, España, en 2004, bajo la denominación de Derechos Humanos, Necesidades Emergentes y Nuevos Caminos.

Desde la perspectiva de la Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes (DUDHE) la sociedad civil desempeña un rol de primordial importancia con el objeto de proporcionar propuestas y respuestas asertivas a los retos que en el orden político, social y tecnológico presenta un mundo y una sociedad globalizados.

Esta declaración no difiere de los principios filosóficos sobre los cuales se basa la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas sino que busca actualizar y profundizar sus postulados en una nueva dimensionalidad de la participación activa de los ciudadanos en el conocimiento, educación y práctica de dichos derechos.

En ese sentido el texto de la DUDHE declara: “Todos los seres humanos, libres e iguales y dotados de dignidad, somos acreedores de más derechos de los que tenemos reconocidos, protegidos y garantizados”. A lo cual agrega que la declaración en cuestión tiene como finalidad “contribuir a diseñar un nuevo horizonte de derechos” que oriente a los movimientos e iniciativas que surgen del seno de la sociedad civil, los cuales deben incidir en las políticas públicas y en las agendas de los gobiernos, quienes ya no pueden tomar decisiones a espaldas de los ciudadano porque debe establecerse un equilibrio en las relaciones entre la ciudadanía y los gobernantes.

Del contenido del documento que enfocamos se deduce el fortalecimiento de un espíritu democrático que rechaza todo tipo de imposición, autoritarismo, tiranía o totalitarismo. De seguidas añade: “La sociedad globalizada debe manifestarse por la defensa, la garantía eficaz de los derechos humanos, asegurando a todos la paz, la justicia, la libertad y las condiciones de bienestar como base de una vida armoniosa y feliz”.

Un estado de esa naturaleza solamente puede hacerse realidad en democracia, la cual debe ser profundizada y fortalecida en todas sus dimensiones. En ese orden de ideas la DUDHE proclama el derecho a la existencia en condiciones de dignidad, en el cual se destaca, por ejemplo, el derecho a la salud, a la asistencia sanitaria y a los medicamentos que asegura, además de un sistema de salud eficiente y eficaz, el acceso a los tratamientos y a los medicamentos con el fin de preservar la vida de las personas con equidad, justicia y dignidad.

Con mucha precisión esta declaración sostiene: “Todo ser humano y toda comunidad tienen derecho a que la vida humana quede garantizada por un sistema social en el que los valores de paz y solidaridad sean esenciales y en el que los conflictos se resuelvan mediante el diálogo y otras formas de acción social específicas”. Igualmente, el tema de la participación ciudadana se destaca en la visión de democracia que exhibe la DUDHE: “Todos los seres humanos y toda la comunidad tienen derecho a participar activamente en los asuntos públicos y a disfrutar de una administración democrática en todos los niveles de gobierno”. De este derecho tan importante derivan otros de los cuales merecen mencionarse: a) “El derecho a ser consultado: que garantiza el derecho de todos los seres humanos a ser consultados colectivamente en las decisiones que les afecten”. b) El derecho a la participación: que implica el derecho de toda persona y comunidad a participar, mediante cauces ágiles y eficaces, en la adopción y control de decisiones públicas en las materias que les conciernen”. c) “El derecho a la democracia y a la cultura democrática: que implica el derecho a vivir en una sociedad libre y democrática, en la que se respete el estado de derecho y los derechos humanos, y a ser administrado por una administración pública eficaz, transparente y que rinda cuentas de su gestión”. Con mucha precisión el texto de este documento condensa la naturaleza del espíritu del mismo que mucho significa en estos tiempos de populismos: “Los derechos humanos son el cimiento de las sociedades libres”.

En consecuencia a lo expuesto, la democracia es el hilo conductor de los derechos humanos emergentes, en ese sentido es difícil imaginar a otro régimen político que pueda ofrecer condiciones más adecuadas para el desarrollo de los derechos humanos. Así, se plantea que “no hay garantía de derechos humanos sin democracia y no puede haber democracia sin garantía de los derechos humanos”. De esta forma, dentro de este contexto, los valores, con la dignidad humana como fundamento, se entrecruzan y se reclaman mutuamente: “No hay libertad sin igualdad, la libertad y la igualdad son ingredientes necesarios de la dignidad y la justicia, sin paz no hay libertad, la falta de paz puede ser la consecuencia de la falta de justicia o de igualdad”. En suma, estos derechos se conciben desde los espacios de la sociedad civil plural e incluyente, dentro de la vocación, el compromiso y la exigencia de la responsabilidad solidaria individual y social.

Escrito por: Diego Márquez Castro

Periodista, gremialista y docente, ha hallado en la filosofía una manera de alertar acerca de los desvaríos del poder y su relación directamente proporcional con la ignorancia y la apatía ciudadana. De esa preocupación surge su dominical Comunicación y política.

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