¿A
quién benefician las primarias?
Virginia Contreras
Estando
en etapa electoral, los venezolanos se debaten entre participar o no en dicho
proceso. La disyuntiva está signada fundamentalmente entre quienes consideran
necesaria la participación electoral como mecanismo democrático y quienes
estiman que mal podríamos participar en elecciones, cuando siendo éstas la
manifestación natural de la soberanía popular, no existe un verdadero régimen
democrático en dónde materializarla.
Y
es que esa ha sido la conducta de los dictadores modernos: asumen el poder por
lo general mediante elecciones universales, pero inmediatamente olvidan su
obligación de gobernar bajo el sistema que les dio la oportunidad de ser
elegidos: abusan del poder; violan la Constitución y las
Leyes; modifican sustancialmente los principios democráticos que regulaban a la
Nación; se apoderan de los poderes públicos; y al final, cuando llega el
momento de las definiciones porque saben que no pueden actuar aislados de la
comunidad internacional, vuelven a pedir el voto de las masas para legitimar
ahora con la anuencia del pueblo, lo que con sus pies han destruido.
Esto
que vemos de manera tan sencilla,
para otros no lo es; y es obvio si consideramos que el momento político que
vive Venezuela es inédito en su
historia. La consecuencia de esta falta de unanimidad de criterios no se ha
dejado esperar: frente a un gobierno en permanente armonía con la voz de mando
de su líder supremo, el presidente Hugo Chávez, existe una oposición dividida
entre quienes piensan que al enemigo hay que atacarlo con las armas que
utilizaban en el pasado político del país, y quienes creemos que al enemigo
hay que vencerlo con las mismas armas que él ha venido utilizando para
destruirnos y desprestigiarnos dentro y fuera del territorio nacional.
La
herramienta de quienes estiman lo primero son las elecciones primarias para la
elección de un candidato presidencial único que pueda oponérsele al
presidente Hugo Chávez. Para quienes pensamos lo segundo, la estrategia es no
votar, habida cuenta que desde la Constitución de 1999 el voto es un derecho y
no un deber. La idea de no votar va más allá de no asistir al proceso
electoral de diciembre. Dentro de esta tesis también propiciamos el no acudir
a ninguno de los actos preparatorios del proceso electoral, con el objeto
de enviar al mundo el mensaje inequívoco de que nunca hubo la
posibilidad de legitimar en libertad a quien con sus acciones y omisiones
destruyó esa libertad que ahora trata de invocar.
Tal
y como lo definen los especialistas, las elecciones primarias son aquellos
mecanismos electorales destinados a resolver una contienda política de definición
de candidatos dentro de un partido o coalición mediante el voto de la ciudadanía
o de los militantes (Colomer, 2002); y en tal sentido han sido utilizadas en
distintas oportunidades para soliviantar por el mecanismo del voto interno, lo
que mediante el simple ejercicio democrático de presentar candidaturas
electorales no ha funcionado. Es decir, que cuando partidos políticos, o
coaliciones de éstos no han logrado concentrar sus fuerzas para vencer a su
oponente electoral, han buscado este mecanismo para tratar de unificar esfuerzos
en torno a un mismo objetivo, que es vencer a su oponente.
En
Venezuela, a pesar de no existir un sistema nacional de elecciones primarias, a
lo largo de su historia contemporánea ha habido algunas experiencias al
respecto. Curiosamente, a diferencia de lo que pueden creer la mayoría de los
que apoyan esta medida, aquellos que fueron elegidos como candidatos por haber
logrado el triunfo en las primarias, siempre perdieron cuando presentaron su
opción en la contienda nacional.
Así
tenemos que en 1968 Acción Democrática (AD) realizó unas primarias entre los
miembros de su partido. Gonzalo Barrios fue el ganador, pero cuando se presentó
a la elección presidencial perdió frente a Rafael Caldera, candidato demócrata-cristiano
(COPEI). (Paradójicamente éste había
sido designado por el aparato del partido). Para la elección de 1978, AD celebró
otras elecciones primarias. En éstas el ganador fue Luís Piñerúa, pero éste
también perdió cuando participó en la elección presidencial. (Curiosamente
Jaime Lusinchi, quien fue el contendor de Piñerúa fue designado candidato
presidencial por A.D. directamente por su partido en la elección presidencial
de 1983 y ganó frente a Caldera). Por último, COPEI en 1993 organizó unas
primarias para la elección presidencial, pero el candidato ganador en las
primarias, Oswaldo Alvarez Paz, perdió en la contienda nacional frente
al candidato Rafael Caldera.
Frente
al esquema actual del país, aquellos que han venido denunciando la existencia
del fraude por parte del gobierno nacional para obtener el triunfo en el referéndum
revocatorio, y han exigido el cumplimiento de ciertos requisitos como condición
para participar en el proceso electoral, aún a pesar de la existencia de los
insalvables vicios del sistema electoral venezolano todavía persisten en su
idea de elecciones primarias. Ya hemos visto la nueva conformación del CNE con
cuatro de los cinco nuevos rectores vinculados mucho más estrechamente incluso
que los salientes, con el gobierno nacional; por mencionar un caso. Sin embargo
los preparativos para las elecciones primarias continúan…
Las
razones de este proceder por parte de quienes todavía creen que la solución
del país pasa por unas elecciones primarias, pueden obedecer a distintos
supuestos: o no comprenden el daño que todos estos actos preparatorios de la
elección nacional le hace a toda la sociedad venezolana en su conjunto
(y no sólo a quienes propician una tesis en particular) en vista de representar
éstos ejercicios netamente democráticos que evidentemente no existen en la
realidad venezolana; o definitivamente que esas elecciones primarias estaban ya
decididas desde hace tiempo sin que para ello importara en la práctica que
hubiera o no condiciones para votar. Esto explicaría el porqué ahora, en que
la situación no sólo se mantiene, sino que empeora, insistan en dichas
elecciones.
La
tesis de las primarias ha adquirido nuevas modalidades: A la idea original del
candidato único para enfrentar al presidente Chávez, se le ha sumado la
necesidad de convertir a ese candidato único en “el representante posterior
(a las elecciones) de la oposición frente al gobierno”. Quienes así lo
consideran pretenden equiparar el concepto de candidato ganador en las primarias,
(y perdedor en las elecciones nacionales) con el del “líder,” tan buscado
por la sociedad venezolana. Ocultan con esto que líder no es quien quiere, sino
quién puede; y que precisamente por eso, el líder ni se decreta ni se vota,
sino que emerge de las sociedades mismas cuando la necesidad y las
circunstancias lo permiten y no cuando algunos lo sugieran.
Con
ello no sólo lograrán confundir más a la sociedad en general, sino crear una
brecha aún mayor entre miembros de un mismo sector; al sentirse éstos
utilizados, bajo la excusa de la búsqueda del candidato único, para luego
darse cuenta que se trata de imponer como líder a quien bajo el engaño y el
subterfugio jamás logrará serlo.
Existen
a su vez otros argumentos para justificar las elecciones primarias. Uno de ellos
basado en la posibilidad de “organizar” a la sociedad venezolana, hoy en día
tan desencantada, bajo la excusa de la búsqueda de un candidato. Destacan los
defensores de esta variable, que este ejercicio servirá para dirigir a la
sociedad hacia objetivos específicos; entre ellos el acudir el día de las
elecciones nacionales a las mesas de votación a exigir el conteo manual, así
como las auditorias a todas las máquinas de votación. Idea peregrina ésta que
desconoce hasta qué punto la ciudadanía está harta ya de falsos profetas,
quienes haciendo uso de su capacidad de disuasión, nos han llevado hasta a
buscar la muerte, que por cierto muchos han encontrado, en actos menos riesgosos,
como el participar en una sencilla manifestación pública por ejemplo.
Valdría
la pena un simple ejercicio mental para imaginarnos, cuántos de quienes
impulsan esta idea serán capaces de formar filas al frente de dichas
manifestaciones el 03 de diciembre, para dirigir a la sociedad, a acudir hacia
los centros electorales con sus exigencias, mientras los contingentes del Ejército
regular y los miembros de los Batallones de Reservas los esperan con sus fusiles.
La
justificación del uso de las primarias para proceder de esta manera carece de
toda racionalidad. ¿Si de organización se trata, será que no puede
organizarse a la ciudadanía, si hubiera fe en el objetivo deseado, para
abstenerse de acudir al proceso eleccionario? ¿Cuál es la diferencia entre
“organizar” a los venezolanos para establecer toda una estrategia y
explicarles el porqué no podemos convalidar este régimen oprobioso mediante
unas votaciones, y el “organizar” a los votantes para acudir a dos procesos
electorales; como lo son el de las primarias; y el del 3 de diciembre? ¿Qué es
más sencillo; explicarle a la colectividad, la realidad, que por experiencia
propia ya conocen, respecto a la no existencia de los más elementales
principios democráticos en Venezuela, o tener que hipnotizar a los venezolanos
para que acudan a votar, aún cuando de antemano ya sepan que en la práctica
esto es intrascendente? La respuesta la dejamos al lector…
Algunos
otros, estimulados por la idea de participar en los procesos señalados, han
establecido como plazo el esperar hasta el último momento, después de la
celebración de las elecciones primarias, para que si no se lograren cada uno de
los requisitos exigidos para la transparencia del voto renunciar a participar en
el proceso electoral de diciembre. Con todo respeto de quienes así piensan,
valdría la pena preguntarles si de verdad, en lo más profundo de sus
consciencias, son capaces de creer que existe alguna posibilidad de obtener de
parte del ente electoral (entiéndase del gobierno nacional) el cumplimiento de
esas inequívocas condiciones. Estamos seguros que ellos saben que la respuesta
es negativa…
Olvidan
estas personas que para la oportunidad en que pudiera eventualmente renunciarse
a continuar con esta farsa electoral, ya el daño frente a la generalidad de la
sociedad venezolana, y particularmente frente a la comunidad internacional,
estará hecho. ¿Pensarán aquellos que después del despliegue comunicacional
del gobierno de Venezuela; después de la inversión mil millonaria en los
costos del proceso electoral; después de la invitación y posterior movilización
de observadores internacionales de todo el mundo, muchos de los cuales
pertenecen a importantes organismos internacionales y a la comunidad mundial,
habrá alguien que sea capaz de comprender que habiendo coexistido infinidad de
vicios antes; durante y después de las elecciones primarias, haya sido en el último
momento cuando se verificare la imposibilidad de competir en buena lid.?
Mayo 8, 2006