Publicado el sábado 01 de noviembre del 2008
Negociación salvó a muchos condenados
CASTO OCANDO
El Nuevo Herald
CORTESIA
Pedro Fuentes Cid y Alfredo Sánchez.
Dos de los presos políticos particularmente beneficiados por la intervención
discreta del gobierno venezolano ante las autoridades cubanas en las décadas
de 1960 y 1970 fueron los disidentes Pedro Fuentes Cid y Alfredo Sánchez,
este último hijo de Aureliano Sánchez Arango, figura legendaria de la Cuba
republicana.
Ambos cumplían condenas de 30 años por conspiración y les habían concedido
la libertad condicional luego de 15 años de prisión.
Sánchez y Fuentes Cid ya habían salvado la vida en 1961, en parte gracias a
la intervención de Rómulo Betancourt, que gestionó los buenos oficios de
amigos personales como los presidentes Janios Quadros, de Brasil; José
Figueres, de Costa Rica, y Adolfo López Mateos, de México, para evitar que
los fusilaran.
La historia de Sánchez y Fuentes Cid ilustra un llamativo episodio de las
luchas políticas de la disidencia en 1961, cuando se consolidaba la
revolución castrista, y el papel que jugaron importantes líderes
continentales y del exilio cubano.
En 1960, tras el triunfo de la revolución cubana, los jóvenes Alfredo
Sánchez y Pedro Fuentes Cid se la jugaron en una conspiración para resistir
la avanzada autoritaria de Fidel Castro. Habían formado un grupo de
activistas y reunido un rudimentario arsenal en el más estricto secreto.
Pero, sin saberlo, tenían ya a los agentes de la Seguridad del Estado
respirándoles en la nuca.
Muy pronto, en marzo de 1961, fueron detectados cuando intentaban trasladar
las armas a un lugar más seguro. Tras una persecución y un violento tiroteo,
los jóvenes fueron detenidos y llevados a prisión.
Tras un juicio sumario, el veredicto del tribunal revolu
cionario fue fulminante: pena de muerte por fusilamiento para los dos.
Más de una docena de los que participaron en la conspiración, incluyendo a
Gladys Chinea, una joven de 21 años que era la prometida de Alfredo Sánchez,
fueron condenados a largas penas de prisión. Ningún otro fue sentenciado a
la pena de muerte.
La condena de Sánchez y Fuentes desencadenó una campaña internacional para
evitar el fusilamiento, impulsada desde Miami por Aureliano Sánchez Arango,
ex ministro de Educación durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás.
A raíz de una solicitud de Sánchez Arango, el ex presidente Betancourt
inició ges
tiones para salvar a los jóvenes, a pesar de que las relaciones entre Cuba y
Venezuela estaban en su peor nivel.
"Gracias a varias cartas que el presidente Betancourt envió a sus colegas
Janios Quadros, Pepe Figueres y López Mateos, el gobierno de Fidel Castro
nos cambió la pena de muerte por 30 años de prisión'', dijo Pedro Fuentes
Cid, ahora de 69 años, mostrando una carta inédita enviada por Betancourt a
Quadros en 1961 en la que le solicita expresamente intervenir "para que no
se fusile a los jóvenes Alfredo Sánchez y Pedro Fuentes''.
En otra carta inédita hasta ahora, proveniente de los archivos de Aureliano
Sánchez Arango y conservada
por su hijo Alfredo, Betancourt le envío al presidente Figueres una copia
del mensaje confidencial que le transmitió al presidente López Mateos el 29
de septiembre de 1961, en el cual invoca "su espíritu humanitario y nuestra
sólida amistad para solicitar una gestión suya ante el primer ministro
cubano doctor Fidel Castro''.
Según Alfredo Sánchez, una circunstancia que los favoreció fue la invasión
de Bahía de Cochinos, que llevó al gobierno a aplazar los fusilamientos
temporalmente. ‘‘Cuando el gobierno derrotó la invasión, las gestiones de
Betancourt con Janios Quadros resultaron efectivas, a juzgar por la
suspensión de nuestros fusilamientos'',
señaló.
Sánchez y Fuentes tendrían que esperar más de 15 años para salir de Cuba
rumbo a la libertad, gracias a una nueva intervención de un presidente
venezolano, Carlos Andrés Pérez.
"El mismo día en que llegamos a Caracas recibimos una llamada telefónica y
nos sorprendimos porque era el propio Rómulo Betancourt, interesándose en
cómo habíamos llegado y sobre nuestra situación'', recordó Gladys de Sánchez,
esposa de Alfredo Sánchez.
Las familias de ambos ex presos políticos llegaron a Venezuela en 1978,
donde cooperaron en el programa para ayudar a los miles de cubanos que
llegaban huyendo de la dictadura castrista a reiniciar una nueva vida.
ocasto@herald.com