ND/El Mundo

Carta a la Dra. Marjorie Calderón

Juez 4ª de Juicio del Estado Aragua: Al saludarla respetuosamente quiero aclararle que al escribirle esta carta abierta lo hago con la intención sana y sincera de llegar a lo más íntimo de usted. Allí donde necesariamente tienen que tocarse los sentimientos y la razón en esa lucha, que en un momento de cada vida se nos presenta para conmovernos y donde está la más contundente razón de la justicia, donde no hay balanzas ni togas, mazos o papeleo.

Porque por las declaraciones lastimosas del Fiscal Isaías Rodríguez me enteré de su nombre y su asignación como Jueza en el caso de Iván Simonovis. Y tal vez usted, en el fragor de este caso con todo lo que lo caracteriza, no sabe quién es Iván. No voy a escribirle del que usted conoce por acusaciones sin comprobar. Ni siquiera del profesional honesto y transparente que es Iván. NO. Voy a escribirle sobre su esposa y sus hijos, a quienes conozco y he acompañado; mucho menos de lo que se merecen, sino de algunos momentos de su calvario. Yo no la conozco, no sé si es joven y este caso representa para usted la culminación de un sueño, o si es una mujer madura que ha vivido lo suyo y sabe algo de dolores y angustias.

Como sea, es la jueza de un hombre, un venezolano decente, que necesita que la justicia venezolana lo vea como ser humano. Necesitado de ayuda médica. A sus dolencias no le importan las ideas políticas ni sus diferencias. Usted tiene en sus manos, según el Fiscal, la responsabilidad única y exclusiva de enviar a un venezolano, que necesita ser operado, a una clínica. Argumenta el Fiscal que "tuvieron el cuidado de mandarle dos médicos forenses y su opinión es distinta a la de los Simonovis". El Fiscal insiste que esta enfermedad "puede ser la orientación de un plan de fuga".

Y usted, Doctora, que conoce ya bien este caso.....¿lo cree? Termina diciendo el Fiscal que él asume la responsabilidad de no enviar a Simonovis a la clínica y que sólo lo trasladarán cuando "sea necesario". Yo espero que usted sea más humana y menos prepotente. Él está dispuesto a "defender su justicia más allá de un fallo judicial" según lo contestado a los periodistas, y aparecido en El Universal de este viernes 5 de octubre.

Usted, Doctora, tal vez ha visto a Bony, la esposa de Iván, defendiendo a su marido. Esa mujer hermosa, de tristes ojos azules y sus dos hijos, tienen sus vidas pendiendo de un hilo con la impotencia y la terrible angustia. Yo no sé si usted tiene hijos... pero si los tiene, póngase un segundo en el lugar de Bony.

De sus hijos. Y ¿por qué no? De Iván.

Venezuela necesita hoy actos heroicos para rescatar su confianza y su fe.

Mientras una familia se siente a una mesa con un puesto vacío por injusticias y sombras, ningún venezolano está seguro. Pero en el corazón de cada ser humano no hay testigos, fiscales, ni poder. Allí uno sabe qué es justo y qué no. Allí no entra más nadie. Allí se tiene que ser sordo a la calumnia y la intriga, allí el poder no manda sobre la bondad y la conciencia. ¿Qué es para la justicia "cuando sea necesario"...? ¿Cuando ya no se pueda hacer nada por Iván? ¿Es que la justicia es tan ciega que es canalla? ¿Qué no contempla al hombre íntegramente? ¿Qué lo separa de su estómago y su mente y lo parcela en sus síntomas, sin ver más allá donde estos años han hecho mella? Si su padre o su hijo sufrieran algún dolor y el diagnóstico médico tuviera diferentes opiniones....¿dejaría sufrir a su ser querido porque una no encontraba la causa del dolor? Muy atentamente.