''Vida y milagros de
...Geovanny Vásquez''


La última entrega de la serie de trabajos que revelan el perfil del principal testigo del Ministerio Público venezolano en el caso de la muerte del fiscal Danilo Anderson, presenta un recuento de fechas, lugares y situaciones que demuestran las contradicciones con la realidad.

A leer las dos entrevistas que ofreció Geovanny Vásquez a la Fiscalía General Venezolana —el 26 y 29 de agosto de este año— salta a la vista un detalle. Ambas declaraciones tomadas por el fiscal Gilberto Landaeta son prácticamente idénticas. Las mismas palabras, el mismo orden en la narración de los hechos y las mismas expresiones para referirse a eventos o circunstancias.

Estas declaraciones que forman parte fundamental del proceso abierto luego de la muerte del fiscal Danilo Anderson ocurrida el 18 de noviembre, son muy poco específicas en cuanto a la descripción de los hechos, sobre todo en lo que se refiere a las fechas. Además, el representante del Ministerio Público encargado de hacer las preguntas no ahonda demasiado en detalles y parece conformarse con una visión elemental de lo supuestamente acontecido en Maracaibo y Panamá.

Sin embargo, al cotejar las entrevistas en Caracas con los papeles y expedientes que maneja la Fiscalía colombiana sobre fraude, suplantación de identidad y mentiras que Vásquez dijo en su país de origen, surgen algunas preguntas relacionadas con la capacidad que tendría este personaje de moverse a su antojo entre denuncias por estafa y la logística de las reuniones en las que supuestamente se planeó la muerte de Anderson.

El don de la ubicuidad

La primera aparición pública de la que se tiene noticia en Colombia de Geovanny Vásquez fue cuando pretendió hacerse pasar por médico psiquiatra y experto en artes marciales. En aquella ocasión, Vásquez se metió en la boca del lobo y trató de engañar a un cuerpo entero de policías colombianos de sus supuestas destrezas. No pasó mucho tiempo antes de que los funcionarios se dieran cuenta del engaño y rectificaran en su error. Luego de hacer una investigación, se demostró que el ahora testigo del Ministerio Público venezolano nunca se graduó de medicina o psiquiatría.

Sin embargo, el fiscal general venezolano, Isaías Rodríguez, aparentemente creyó en la retórica de Vásquez pues luego de que apareciera como el principal testigo con el que contaban para el asesinato de Anderson —y a punto de cumplirse el primer año del asesinato— en más de una ocasión aseguró que el sujeto tenía un título que lo acreditaba como médico.

Por ejemplo, en una entrevista transmitida por Venezolana de Televisión, el 8 de noviembre de este año, y al ser consultado sobre la procedencia del testigo, el fiscal se quejó de la supuesta intención de desacreditarlo como declarante principal en este caso y señaló:
“Han dicho de él cualquier cantidad de cosas; pero no han dicho que es médico ni han dicho que es psiquiatra”.

Otro punto que llama la atención es que —de acuerdo con lo expresado por el propio Rodríguez— hizo contacto con el fiscal general porque fue víctima de un atentado. “Es una persona a quien las Autodefensas Unidas de Colombia presionaron para que los atendiera en su clínica”.

Y aunque en el relato previo del testigo existe un centro médico y una amenaza, no es precisamente como él lo describió. Según queda establecido en documentos del Ministerio Público colombiano, Vásquez ejercía en un hospital ubicado en Fundación, Magdalena pero sus pacientes llegaban a él libremente y él los trataba, haciéndose pasar por psiquiatra.

De acuerdo con lo que señaló en su declaración del 26 de agosto, Vásquez “ejerció en la clínica” a principios de 2002 hasta que, según reza en su expediente, lo “acusaron de colaborador de los paramilitares” y fue detenido por tal delito.

Sin embargo, y tal como está redactado en las pruebas de la fiscalía colombiana, Vásquez trabajó en un consultorio de la clínica Milenio, en Fundación, desde principios de 2003 hasta que el 16 de agosto de ese mismo año cuando fue capturado en flagrancia, mientras recetaba a una paciente con tranquilizantes sin tener conocimientos suficientes para tomarse tales atribuciones.

Un experto policial colombiano, Fabián Cáceres, explicó que Vásquez no se vio sometido a presiones de ningún tipo. Simplemente repitió la historia de la pérdida de los papeles y optó por aplicar sus “conocimientos” en pacientes desprevenidos. Luego, su paso por la cárcel no se debió a acusaciones por supuestos vínculos con los paramilitares, sino a un vulgar caso de suplantación de identidad y uso ilegal de documentos públicos.

Según señaló el propio Vásquez cuando rindió testimonio, a principios de 2003, un hombre que conoció tras las rejas —Belisario Molina— le habría preguntado si quería unirse a las AUC; él accedió, y fue en ese momento cuando supuestamente comenzarían los preparativos para realizar el atentado contra Anderson.

Aquí es posible evidenciar de nuevo una inconsistencia de tiempos, pues para ese momento se supone que Vásquez trabajaba en la clínica.

Confianza a toda prueba

El episodio siguiente en la narración de Vásquez se refiere a la preparación de la muerte del fiscal.

Es de notar que el 26 de agosto de este año, el testigo rindió su primera declaración, y de acuerdo con lo que se extrae de sus palabras es posible inferir que estuvo preso y que inmediatamente después de que salió se unió a las AUC; en septiembre de 2003 ya era jefe de logística del grupo paramilitar, cuando para alcanzar un cargo de tal magnitud se necesitan al menos 15 años, según afirman los expertos.

Otro dato que llama la atención es que el 25 de agosto de 2003 Vásquez estaba preso, y se supone que menos de un mes después de salir de la prisión ya tenía la confianza suficiente para organizar lo referente a la primera reunión que supuestamente se llevó a cabo en la frontera entre Panamá y Colombia: la selva de Darién a la que habrían asistido los principales autores materiales e intelectuales del crimen.

Casi un año después, en marzo de 2004, el declarante señaló que se llevó a cabo la tercera reunión en Maracaibo —la segunda fue en Miami pero a esa no habría asistido.

Específicamente aseguró que fue entre el 3 o 4 de marzo en un apartamento que pertenecería a las Autodefensas Unidas de Colombia, ubicado en la zona Milagro Norte. En esa ocasión fue cuando presuntamente se habría mostrado la foto de Anderson y el comandante del grupo paramilitar, Jorge 40 (quien fungiría de asesor) habría recomendado que mejor que un acto de sicariato se hiciera explotar el vehículo en el que normalmente se transportaba.

Luego, el 14 de marzo habría recogido, en Panamá, una parte del dinero que haría falta para cubrir el atentado y lo habría trasladado hasta sus destinatarios.

Pero de acuerdo con los antecedentes proporcionados por Colombia, el 13 de abril de ese año, Vásquez era parte de un juicio pues supuestamente había entregado a funcionarios de seguridad del país vecino, al “descubrir” que actuaban como traficantes de armas y tenían vinculaciones con las AUC. Todo el montaje que hizo el testigo quedó al descubierto luego de que se hicieran las diligencias legales pertinentes para comprobar la veracidad de tales hechos. Los supuestos implicados quedaron en libertad.

Dudas, dudas y más dudas

Después de comparar las declaraciones y los documentos que sobre Vásquez tiene en su poder la Fiscalía colombiana, surgen algunas preguntas: ¿La Fiscalía General de Venezuela investigó los antecedentes de Vásquez antes de convertirlo en testigo principal? ¿Cómo depositar tal responsabilidad en alguien que ha estafado a especialistas de país vecino en reiteradas ocasiones?
¿Quién lo presentó al fiscal Rodríguez?
¿Por qué no ha sido imputado, al igual que el resto de las personas que se han visto relacionadas con el caso de la muerte de Anderson? ¿Qué ocurriría si se comprueba que el testimonio de Vásquez no es cierto? ¿Lo aceptaría el Ministerio Público o trataría de defender esta versión hasta el final?

Por LAURA WEFFER CIFUENTES
El Nacional