El Nacional - Domingo 20 de Agosto de 2006 B/19

Sucesos

Una fuga silenciosa

El capitán del Ejército Otto Gebahuer afirma que a las 10:30 am del pasado domingo levantó la sábana que cubría la litera después de que su compañero de celda, Carlos Ortega, no le respondió el saludo. "¡Levántate!", habría gritado el oficial retirado, pero la voz áspera del dirigente sindical no se escuchó en el calabozo del piso tres del Centro Nacional de Procesados Militares de Ramo Verde, ubicado en Los Teques, estado Miranda.

El presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela solía dormir en el colchón inferior de una de las dos literas que hay en la celda. Tenía por costumbre dejar caer un cubrecama desde la parte superior del mueble para tener una protección adicional contra el frío que se cuela, como ventilación natural, por las rendijas de los ladrillos superiores. Pero Gebahuer corrió la sábana y confirmó que Ortega no estaba allí. La ausencia no le causó extrañeza: el militar pensó que el sindicalista había pedido permiso a las autoridades para desayunar en el piso dos, donde se encontraban recluidos los coroneles Jesús y Darío Faría Rodríguez, y el capitán Rafael Ángel Faría Villasmil.

Avanzada la hora de la visita del domingo pasado, la preocupación desencajó los rostros de los celadores del penal. Un soldado irrumpió en el calabozo del presidente de la CTV y le lanzó una pregunta a Gebahuer a quemarropa: "¿Dónde está Ortiga?". "Respondí que creía que estaba en el piso de abajo. Pero el soldado dijo que no, que ni él ni los coroneles se encontraban allí y salió corriendo", recuerda el capitán. Apenas entonces se confirmaba la noticia de la fuga que corría como un rumor fuera del penal desde poco antes del mediodía.

El mayor Arcadio Lima, jefe de los servicios de guardia, entró posteriormente en el calabozo, según explica Gebahuer. "Afirmó que yo sabía dónde estaba Ortega y también dijo que yo era responsable de lo que había sucedido", indica el capitán, quien añade que la custodia de los internos es responsabilidad de las autoridades del penal.

Además de dos literas, el calabozo que compartían Ortega y Gebauer tiene un escritorio, mesas y sillas plásticas, así como un televisor y un radio desde los cuales ambos monitoreaban a diario la programación informativa, especialmente los espacios conducidos por Marta Colomina, Leopoldo Castillo e Iván Ballesteros.

En la celda hay también un perchero de la que cuelgan piezas de ropa y una gorra azul con las siglas de la CTV. Ese era el único vestigio que un extraño podía reconocer como evidencia de la reclusión de Ortega el pasado jueves. Funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas previamente habían recogido pertenencias del dirigente y otros elementos que consideraron de interés para determinar cómo fue la evasión. No está claro qué objetos se llevó Ortega.

Los reclusos manifiestan que hay dos adjetivos que podrían describir la fuga: silenciosa ­nadie escuchó ruidos­ y pacífica ­no hubo violencia en la acción­.

Gebahuer, de 34 años de edad, asevera que se había dormido aproximadamente a las 10:30 pm del sábado. Conversó con Ortega antes de acostarse. Al dirigente sindical le dolía la cabeza y el capitán le recordó que tenía que cumplir una dieta que le prescribieron contra el colesterol. "Al acostarme me puse tapones para los oídos. Los del piso cuatro hacen mucho ruido y los uso porque si no es imposible dormir", dice el capitán. Despertó después de las 7:00 am y luego bajó al patio a caminar, seguro de que el presidente de la central obrera había preferido dormir hasta tarde.

La celda del general retirado Francisco Usón, ex miembro del gabinete del presidente Hugo Chávez, está justo al frente de la que compartían Ortega y Gebahuer. El oficial ­condenado a cinco años de prisión por la presunta comisión del delito de ultraje contra la Fuerza Armada Nacional­ también usa tapones por las mismas razones que el capitán. "Dormí toda la noche y no me enteré de nada", dice Usón, a quien le iniciaron un juicio militar por haber ofrecido una opinión sobre la hipótesis ­formulada por Patricia Poleo­ de que se usó un lanzallamas para quemar a los soldados del Fuerte Mara en marzo de 2004. Usón recalca que tiene total claridad de que el escenario actual de su lucha política está en la cárcel y no fuera de ella.

Ortega llegó al centro de procesados militares en marzo de 2005. Estuvo recluido allí mientras avanzaba el juicio en su contra, por el cual fue finalmente condenado por rebelión civil, instigación a la desobediencia de las leyes y uso de datos falsos. El dirigente y Gebahuer ­quien ya se encontraba preso­ trabaron una buena relación y se habían repartido las tareas en el calabozo. El presidente de la CTV cocinaba y el oficial retirado se dedicaba a la limpieza. "Es un gran tipo, de unas convicciones sólidas, de una gran preocupación por el país", dice el capitán, que fue condenado a 12 años de prisión por la supuesta comisión del delito de complicidad en la privación ilegítima de libertad del actual presidente Hugo Chávez durante el 12 de abril de 2002.

Gebahuer se declara preso político y dice que no ha tenido un juicio imparcial. Su condena ha sido apelada ante la Corte Marcial. El capitán formó parte del personal que mantuvo a Chávez en la Policía Militar en Caracas y que lo trasladó luego a la base de Turiamo.

Gebahuer estuvo asilado en Uruguay y luego regresó a Venezuela hasta que fue detenido en noviembre 2004. En su defensa ­entre otros alegatos­ ha dicho que actuó siguiendo órdenes superiores y que ha sido señalado cómplice de un delito cuyos autores aún no han sido identificados. Sostiene que recibió una boleta de ingreso en la Policía Militar en la que se señalaba a Chávez como ex presidente. Añade que una fiscal militar pudo evaluar ese día al detenido y que la funcionaria no le reservó el tratamiento de jefe del Estado.

Al día siguiente de la fuga, una representación de la Corte Marcial acudió a Ramo Verde a constatar la situación de salud del capitán, la cual es buena. Ana Peteh, esposa y defensora del oficial, solicitó a ese tribunal que se impidiera cualquier interrogatorio a Gebahuer sin la presencia de su abogado. El capitán fue visitado brevemente el jueves por un funcionario de la Defensoría del Pueblo, que le dejó un número de teléfono celular. Ahora, en su celda, y después de la fuga silenciosa, recuerda sus días de compañía con Ortega en prisión: "Siento orgullo por lo que hicieron él y los Faría".