Sucesos
Una fuga silenciosa
El capitán del Ejército
Otto Gebahuer afirma que a las 10:30 am del pasado domingo levantó la sábana
que cubría la litera después de que su compañero de celda, Carlos
Ortega, no le respondió el saludo. "¡Levántate!", habría
gritado el oficial retirado, pero la voz áspera del dirigente sindical
no se escuchó en el calabozo del piso tres del Centro Nacional de
Procesados Militares de Ramo Verde, ubicado en Los Teques, estado
Miranda.
El presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela solía
dormir en el colchón inferior de una de las dos literas que hay en la
celda. Tenía por costumbre dejar caer un cubrecama desde la parte
superior del mueble para tener una protección adicional contra el frío
que se cuela, como ventilación natural, por las rendijas de los
ladrillos superiores. Pero Gebahuer corrió la sábana y confirmó que
Ortega no estaba allí. La ausencia no le causó extrañeza: el militar
pensó que el sindicalista había pedido permiso a las autoridades para
desayunar en el piso dos, donde se encontraban recluidos los coroneles
Jesús y Darío Faría Rodríguez, y el capitán Rafael Ángel Faría
Villasmil.
Avanzada la hora de la visita del domingo pasado, la preocupación
desencajó los rostros de los celadores del penal. Un soldado irrumpió
en el calabozo del presidente de la CTV y le lanzó una pregunta a
Gebahuer a quemarropa: "¿Dónde está Ortiga?". "Respondí
que creía que estaba en el piso de abajo. Pero el soldado dijo que no,
que ni él ni los coroneles se encontraban allí y salió
corriendo", recuerda el capitán. Apenas entonces se confirmaba la
noticia de la fuga que corría como un rumor fuera del penal desde poco
antes del mediodía.
El mayor Arcadio Lima, jefe de los servicios de guardia, entró
posteriormente en el calabozo, según explica Gebahuer. "Afirmó
que yo sabía dónde estaba Ortega y también dijo que yo era
responsable de lo que había sucedido", indica el capitán, quien añade
que la custodia de los internos es responsabilidad de las autoridades
del penal.
Además de dos literas, el calabozo que compartían Ortega y Gebauer
tiene un escritorio, mesas y sillas plásticas, así como un televisor y
un radio desde los cuales ambos monitoreaban a diario la programación
informativa, especialmente los espacios conducidos por Marta Colomina,
Leopoldo Castillo e Iván Ballesteros.
En la celda hay también un perchero de la que cuelgan piezas de ropa y
una gorra azul con las siglas de la CTV. Ese era el único vestigio que
un extraño podía reconocer como evidencia de la reclusión de Ortega
el pasado jueves. Funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas,
Penales y Criminalísticas previamente habían recogido pertenencias del
dirigente y otros elementos que consideraron de interés para determinar
cómo fue la evasión. No está claro qué objetos se llevó Ortega.
Los reclusos manifiestan que hay dos adjetivos que podrían describir la
fuga: silenciosa nadie escuchó ruidos y pacífica no hubo
violencia en la acción.
Gebahuer, de 34 años de edad, asevera que se había dormido
aproximadamente a las 10:30 pm del sábado. Conversó con Ortega antes
de acostarse. Al dirigente sindical le dolía la cabeza y el capitán le
recordó que tenía que cumplir una dieta que le prescribieron contra el
colesterol. "Al acostarme me puse tapones para los oídos. Los del
piso cuatro hacen mucho ruido y los uso porque si no es imposible
dormir", dice el capitán. Despertó después de las 7:00 am y
luego bajó al patio a caminar, seguro de que el presidente de la
central obrera había preferido dormir hasta tarde.
La celda del general retirado Francisco Usón, ex miembro del gabinete
del presidente Hugo Chávez, está justo al frente de la que compartían
Ortega y Gebahuer. El oficial condenado a cinco años de prisión por
la presunta comisión del delito de ultraje contra la Fuerza Armada
Nacional también usa tapones por las mismas razones que el capitán.
"Dormí toda la noche y no me enteré de nada", dice Usón, a
quien le iniciaron un juicio militar por haber ofrecido una opinión
sobre la hipótesis formulada por Patricia Poleo de que se usó un
lanzallamas para quemar a los soldados del Fuerte Mara en marzo de 2004.
Usón recalca que tiene total claridad de que el escenario actual de su
lucha política está en la cárcel y no fuera de ella.
Ortega llegó al centro de procesados militares en marzo de 2005. Estuvo
recluido allí mientras avanzaba el juicio en su contra, por el cual fue
finalmente condenado por rebelión civil, instigación a la
desobediencia de las leyes y uso de datos falsos. El dirigente y
Gebahuer quien ya se encontraba preso trabaron una buena relación y
se habían repartido las tareas en el calabozo. El presidente de la CTV
cocinaba y el oficial retirado se dedicaba a la limpieza. "Es un
gran tipo, de unas convicciones sólidas, de una gran preocupación por
el país", dice el capitán, que fue condenado a 12 años de prisión
por la supuesta comisión del delito de complicidad en la privación
ilegítima de libertad del actual presidente Hugo Chávez durante el 12
de abril de 2002.
Gebahuer se declara preso político y dice que no ha tenido un juicio
imparcial. Su condena ha sido apelada ante la Corte Marcial. El capitán
formó parte del personal que mantuvo a Chávez en la Policía Militar
en Caracas y que lo trasladó luego a la base de Turiamo.
Gebahuer estuvo asilado en Uruguay y luego regresó a Venezuela hasta
que fue detenido en noviembre 2004. En su defensa entre otros alegatos
ha dicho que actuó siguiendo órdenes superiores y que ha sido señalado
cómplice de un delito cuyos autores aún no han sido identificados.
Sostiene que recibió una boleta de ingreso en la Policía Militar en la
que se señalaba a Chávez como ex presidente. Añade que una fiscal
militar pudo evaluar ese día al detenido y que la funcionaria no le
reservó el tratamiento de jefe del Estado.
Al día siguiente de la fuga, una representación de la Corte Marcial
acudió a Ramo Verde a constatar la situación de salud del capitán, la
cual es buena. Ana Peteh, esposa y defensora del oficial, solicitó a
ese tribunal que se impidiera cualquier interrogatorio a Gebahuer sin la
presencia de su abogado. El capitán fue visitado brevemente el jueves
por un funcionario de la Defensoría del Pueblo, que le dejó un número
de teléfono celular. Ahora, en su celda, y después de la fuga
silenciosa, recuerda sus días de compañía con Ortega en prisión:
"Siento orgullo por lo que hicieron él y los Faría".
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