| Caracas,
miércoles 02 de mayo, 2007 Nacional y Política |
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Opinión
¡Me voy de la OEA!
Podrá romper con la OEA, pero las actuaciones judiciales siguen su
curso
ASDRÚBAL AGUIAR
Chávez se va de la OEA y lo ha dicho así de claro, si acaso, según
él, continúan las simpatías de ésta para con Radio Caracas
Televisión y Marcel Granier.
Que sepamos, sobre el asunto del cierre de RCTV opinó en contra José
Miguel Insulza, secretario del organismo hemisférico. Y se ganó,
por lo mismo, el insulto del mandamás, quien lo llamó
"pendejo desde la p... hasta la o..." y de paso le pidió
renunciar al cargo. Nada menos.
Desde entonces, Insulza se ha mantenido en silencio.
Pero lo cierto es que la Organización de Estados Americanos, como
tal y a pesar de la rabieta del mandamás, sigue haciendo el papel
de Insulza, "desde la p... hasta la o...". Y lo prueban su
silencio y el silencio de Insulza luego del insulto que recibiera y
del tratamiento dado por la OEA a la crisis democrática en Ecuador.
El presidente ecuatoriano Correa, aspirante a pichón del mandamás,
convocó a su Constituyente y 57 diputados que no concordaban con
aquél fueron destituidos. La Corte Constitucional ecuatoriana hubo
de reponerlos en sus mandatos, por ser representantes de la soberanía
y no empleados del susodicho. Pero acto seguido, el parlamento,
siguiendo las instrucciones de éste, no se le ocurrió otro dislate
que destituir a los jueces constitucionales. Y la respuesta de la
OEA no se hizo esperar: "Estamos analizando con cuidado y
serenidad la conveniencia del envío o no de observadores a Ecuador".
La OEA, que es el reflejo crudo de los que son sus estados miembros:
léase sus gobiernos de turno, ha decidido de un tiempo hacia acá
reducirse a las tareas de "medicatura forense de la
democracia".
Nada valen ni significan para ella la Carta Democrática
Interamericana ni su Carta fundacional, que explican y justifican la
existencia del organismo en la necesaria defensa de la democracia y
de los derechos humanos en el Continente. Nada hace hoy para
promover el fortalecimiento de las democracias y menos para contener
las muchas amenazas que se ciernen sobre ellas.
En la página web de la OEA cuesta ubicar ahora un "site"
sobre la democracia. No aparece como tema de interés directo, como
lo fuera antes. Y la Unidad para la Promoción de la Democracia - si
acaso aún existe- la tiene bien escondida dentro del portal. No era
así, cabe reconocerlo, en tiempos del ex presidente Gaviria.
De modo que el arrebato del mandamás y su grito de guerra: "me
iré de la OEA si me condenan por lo del Canal 2" se reduce a ruidoso
grito, sin destino. Pelea el mandamás por el último trago de una
botella vacía; o acaso confundió la gimnasia con la magnesia.
Quien anunciara una acción judicial en contra de Venezuela
ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el Caso RCTV
fue la Comisión Interamericana y no la OEA.
Una cosa es la OEA y otra distinta la Comisión y la Corte
Interamericanas de Derechos Humanos, y esto no lo discierne el
mandamás.
La primera, como órgano político, está sujeta al Pacto de Bogotá
del año 1948, tanto que en su Consejo Permanente apoyan las
posaderas todos los gobiernos amigos del mandamás, quienes han
impedido que al mandamás se le aplique la Carta Democrática
Interamericana por sus ya inagotables e inenarrables violaciones.
La Comisión y la Corte Interamericanas, cuando actúan de consuno,
lo hacen, antes bien, como órganos de la Convención Americana de
Derechos Humanos o Pacto de San José, son autónomas y no dependen
de la OEA.
La Comisión, tachada por el mandamás como "Comisión Inmoral
Americana de los Derechos" y de la que hace parte, paradójicamente,
un emisario del mandamás, Freddy Gutiérrez, fue la que declaró
que el Estado de Venezuela
-léase otra vez el mandamás, que dice encarnar a éste desde
cuando se adueñara del mismo - había violado los derechos humanos
de los periodistas y trabajadores de RCTV. Y por no haber acatado el
mandamás su pronunciamiento, fue que se vio obligada a demandarlo -
al Estado venezolano, en justa propiedad- ante la Corte de San José
de Costa Rica.
Lo único claro es que no sabe el mandamás - y Nicolás Maduro
tampoco sabrá cómo explicárselo- que la historia que intenta
escribir confundiendo a la OEA con el Pacto de San José es un
plagio burdo de la escrita por el ex gobernante peruano, Alberto
Fujimori.
Fujimori amenazó una y otra vez - como lo hace el mandamás- que
retiraría a su país de la Corte Interamericana, si acaso se
condenaba a su país por violaciones a los derechos humanos y se le
declaraba internacionalmente responsable. Mas olvidó aquél, como
lo hace éste, que ningún gobernante ni gobierno, por soberano que
sea, puede bajarse del ferrocarril de los derechos humanos, una vez
que salé de la estación y se encuentra en pleno rodaje.
De modo que el mandamás nuestro podrá romper la Carta de la OEA,
la Carta Democrática y hasta el Pacto de San José, cuya violación
específica ha motivado el juicio abierto ante la Corte
Interamericana por el caso RCTV; pero las actuaciones judiciales en
curso no se detienen por mandato del mismo Pacto y a pesar del
mandamás. Y la denuncia de éste, si acaso la hace el mandamás,
tendría efectos futuros.
En lo que no repara el mandamás y lo que no sabe ni se lo ha dicho
por no saberlo su canciller, es que está a punto del
"autosuicidio": renuncia a la única protección - la de
la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos- que le
quedará a él para cuando salga del poder y para el momento en que
lo corretee la jauría enfurecida que él mismo, siguiendo a
Robespierre, se ha encargado de alimentar. Nada más.
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