OTONIEL GUEVARA Asegura
que un elemento de convicción no es una prueba
"Isaías parió una novela que ahora lo persigue " El ex secretario general de
la Disip repasa todas las irregularidades que, según su parecer, se cometieron
en el juicio que los responsabilizó a él, a su hermano Rolando y a su primo Juan
Bautista del asesinato del fiscal Danilo Anderson
HENRY DELGADO/ARCHIVO
Otoniel Guevara a la izquierda y su primo Juan
Bautista aseguran que no hay pruebas que los
incriminen
Sentenciados a casi 30 años
de prisión por el homicidio de Danilo Anderson, Otoniel, Rolando y Juan Bautista
Guevara, primo de los dos primeros, cumplen su larga condena en la Disip.
Durante la semana las visitas son restringidas.
Sólo dos personas pueden acompañar a los presos a la vez.
Sentados a una mesa del área de visitas, compartiendo un generoso almuerzo,
están la madre de los hermanos Guevara y Jacqueline Sandoval, esposa de Rolando.
Otoniel es el vocero del grupo.
–Si el testimonio de Geovanny Vásquez de Armas es tan endeble, como denuncian
sus abogados, ¿por qué no confiar en los 147 elementos de convicción que
presentó la Fiscalía como prueba de que ustedes son responsables de la muerte de
Danilo Anderson?
–No hay nada que nos incrimine en el homicidio de Anderson, ninguna prueba,
ningún testimonio. El juez y la Fiscalía no fueron capaces de individualizar la
participación de alguno de nosotros. El caso era tan débil que no se nos
permitió ir a juicio con escabinos. Los periodistas que asistieron al juicio, el
público, la familia de Anderson, nadie escuchó que se presentara una prueba en
nuestra contra. Los escabinos no hubieran permitido una condena como la que nos
impusieron.
El cuento falaz de Julián Isaías Rodríguez y sus adláteres de que manejaban 147
elementos de convicción contra nosotros es sólo una mentira para justificar su
venganza.
Me explico: un elemento de convicción es la presencia de la comisión de los
bomberos en el sitio del suceso; es el hallazgo del cadáver. De ellos no se
desprende la culpabilidad o el grado de participación de nadie. En el propio
juicio se desecharon más de 40 elementos de convicción de la Fiscalía, pues eran
diligencias aburridas que no probaban nada y sólo prolongarían el juicio.
Finalmente, el propio fiscal Gilberto Landaeta admitió en sus conclusiones del
juicio que sin el testimonio de Geovanny Vásquez no hubiera sido posible
sustentar nuestra responsabilidad en el asesinato.
– Isaías Rodríguez reconoció irregularidades en la forma de obtener el
testimonio de Geovanny Vásquez. Dijo que los abogados debieron tener la
posibilidad de interrogar al testigo antes de que compareciera en el juicio. ¿No
fue eso lo que denunciaron sus abogados en el juicio?
–Esa confesión significa que el juicio debe ser anulado. Si el testimonio de
Vásquez no sirve para confirmar los demás elementos promovidos en el juicio,
entonces todo es falso. Isaías Rodríguez hablaba a cada rato de la investigación,
sabía las fechas, nos atribuía la comisión del hecho sin dejar espacio para la
duda razonable y le asignó porcentajes de credibilidad a Vásquez de Armas. Hoy,
cuando siente el terror de haber sido desenmascarado ante
Venezuela y el mundo, ha tenido la oportunidad de defenderse ante los
medios de comunicación, oportunidad que nunca hemos tenido nosotros.
Se nos aplicó la desaparición forzada, se nos torturó y se utilizaron elementos
ilegales para justificar la privación de nuestra libertad. Isaías parió una
novela que ahora lo persigue. En la apertura del juicio, Pedro Miguel Castillo,
mi abogado defensor, presentó al juez las publicaciones que probaban que el
testimonio de Vásquez ya había sido ventilado públicamente por el ex fiscal
general. El juez Luis Ramón Cabrera, que era un fiscal más, las rechazó.
Nosotros nunca fuimos tenidos por inocentes, como lo establece la ley.
–¿Qué se hizo mal en la investigación del caso Anderson? –Desde el
aseguramiento del sitio del suceso en adelante, daba la impresión de que lo
hacían mal a propósito. Cualquiera podía ingresar al área resguardada por las
cintas amarillas. Además, se desecharon las hipótesis naturales de buenas a
primeras, se procedió a actuar con la información de una llamada ilegal y ya no
se investigó, sino que se remitieron al contenido de la llamada. Esa llamada, de
paso, jamás existió. Nuestros abogados presentaron la prueba, pero el juez
también la desechó.
–¿Después de tres años y medio es posible empezar una investigación desde
cero y encontrar la verdad?
–Sin duda que la investigación en las actuales circunstancias no es fácil.
Aunque se perdió un número de elementos que hubieran servido para identificar el
tipo de artefacto usado, así como el iniciador, se podría establecer el móvil
del homicidio y eso es muy importante. Eso todavía podría establecerse.
–Ustedes llevan tres años y ocho meses presos. ¿En todo este tiempo han
podido recabar información que les permita afirmar quién mató a Anderson?
–Yo no he tenido la posibilidad de leer el expediente. Para mí es muy difícil
especular sobre ese asunto. Además, nosotros nos hemos convertido en una suerte
de leprosos. Muy pocos amigos vienen a visitarnos y quienes se han preocupado
por nosotros sólo
mandan un papelito, que dice: "Estamos pendientes de ustedes". No sé si
este es un crimen de Estado, pero de lo que sí estoy seguro es de que un grupo
de policías envenenó a Chávez en contra nuestra, hasta el punto de que en una
cadena nacional en 2001, con motivo del caso Montesinos, me definió a mí como
enemigo de la revolución. ¿Qué me queda después de eso? Desde entonces éramos
los principales sospechosos en cualquier caso políticamente relevante.
El 15 de abril de 2002 allanaron el sitio donde trabajaba.
Tenían nuestros teléfonos intervenidos. Recuerdo que el experto que compareció
en el juicio del caso Anderson respondió, a una pregunta del fiscal Gilberto
Landaeta, que él estaba seguro de que los teléfonos analizados me pertenecían
porque me estaban investigando desde antes de que apareciera Montesinos en
Venezuela. ¿Cómo es posible entonces que yo haya planificado la muerte
del fiscal si mis teléfonos estaban intervenidos? Hemos sufrido una persecución
constante que podría calificar dentro de los delitos previstos y sancionados en
el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Los crímenes competencia de
dicho estatuto no prescriben.