Muerte y resurrección del Señor
La primera se refiere a la Semana Mayor. La entrada triunfal de Jesús a
Jerusalén, Domingo de Ramos, la inmediata pasión, muerte y resurrección, son
mandatos de vida que nos obligan a continuar siendo fieles a sus enseñanzas y a
su ejemplo. Principios y valores eternos, sustento de la dignidad de la persona
humana, fundamentales para su existencia, independientemente de la condición
social y política. Hoy tienen más vigencia que nunca. Cristo murió en la Cruz
por nosotros y para nosotros. Resucitó al tercer día, para no morir jamás.
¿A qué le teme Chávez?
La segunda tiene que ver con la dramática coyuntura que vive la Patria. ¿Porque
estoy aquí? ¿Qué tenebroso misterio se esconde alrededor de quienes dictaron la
orden? ¿A qué le teme tanto el presidente Chávez?, supremo responsable de tamaño
despropósito. Yo no he matado, no he robado, nunca he provocado daños físicos o
morales a terceros. He sido, eso sí, un guerrero por la libertad y la democracia
a tiempo completo desde que tengo uso de razón, en todas las circunstancias de
la vida.
Pronto aprendí a olvidar los triunfos, han sido muchos, y las derrotas, pocas,
pero dolorosas algunas. No tengo heridas abiertas, ni cicatrices del pasado que
condicionen el presente, ni el futuro. Por eso y mucho más, la detención es un
reflejo fiel de la naturaleza del régimen. Un nuevo, ilegal y cobarde abuso de
poder para intimidar las voces de protesta que se multiplican, silenciar medios
de comunicación y liquidar la libertad de expresión. La expresión más perversa
de la cobardía es el abuso de poder. Se hace presente, en este caso, para sentar
un nuevo y calificado precedente de criminalizació n penal de la oposición. Pero,
este Presidente elegido constitucionalmente para un período de cinco años, sin
reelección, lleva once de ejercicio, valiéndose de trampas, trucos y maniobras
fraudulentas para burlar el orden constitucional y nuestras costumbres, no ha
coronado el propósito de destruir la República y sustituirla por un estado
comunista a la cubana, por la resistencia, activa y pasiva, de un pueblo que
rechaza este socialismo comunistoide. La protesta crece. Está cada día más solo
y aislado nacional e internacionalmente. Rodeado de corifeos ineficientes,
corrompidos y corruptores, pero aún cuenta con alabarderos insignes para cumplir
las instrucciones del gobierno cubano-venezolano que tenemos. Empieza a darse
cuenta que la Venezuela
decente no tiene miedo. Está harta y fatigada. Tengo la seguridad de que la luz
prevalecerá sobre
las sombras de un tiempo nefasto.
El valor de la familia
Un tercer aspecto que quiero resaltar, es la familia. Mis seis hijos y ya casi
catorce nietos, son el mayor aporte que mi señora Cuchi, como le dicen
cariñosamente, y yo, le hemos hecho al país. También una compensación
invalorable de Dios y de la vida. A eso sumamos la férrea unidad de
toda la familia Álvarez y
de la familia Espinosa. Núcleos enormes de férrea formación cristiana,
levantados con el ejemplo de nuestros mayores, y el cuidado infinito de las
mujeres que las integran. A mis hijos los he visto actuar en estos días. Serios,
firmes, leales a una causa, entregados de lleno a la batalla para establecer la
verdad sobre la mentira y la hipocresía. No he vivido en vano. Incluso, en medio
de estas circunstancias, puedo decir que soy un hombre feliz, afortunado y en
deuda por los bienes recibidos.
Las solidaridades
A pesar de mi ya prolongada presencia en la vida pública, dentro y fuera del
país, me ha sorprendido la rápida solidaridad, cuantitativa y cualitativa de
propios y extraños. Amigos, compañeros de luchas políticas, adversarios pasados
y presentes incluidos algunos irreductibles, han levantado con indignación sus
voces de protesta. Apoyan el derecho a opinar que me asiste, la presunción de
inocencia y el derecho a ser juzgado en
libertad y sin ventajas
ilegales, para sentar precedentes útiles para el futuro democrático. He
ratificado y ratifico todo cuanto he dicho, incluso el emplazamiento hecho al
presidente para que debatamos, dentro o fuera de los tribunales, sobre los
peligros existentes con relación al terrorismo, al narcotráfico y a las
violaciones sistemáticas de los derechos humanos.
Quizás por la importancia de estos puntos, también por tener cerca de cinco
décadas de actividades en el plano continental y mundial, la comunidad
internacional se ha pronunciado categórica, sin esguinces, sin apelar a recursos
diplomáticos. Organizaciones formales e informales especializados en los tres
asuntos, gobiernos y oposiciones de distintos países, personalidades de la
política, de las ciencias, del deporte, de la cultura y de las artes, centrales
políticas internacionales de izquierda, de centro y de derecha, se han
pronunciado exigiendo mi inmediata libertad. Lo agradezco. El compromiso de
seguir adelante crece para estar la altura del apoyo de tantos que, en tantas
partes del mundo, ríen con tristeza y pena, cuando voceros del régimen me
califican de “delincuente común”. Esto incluye a quien, en hora menguada, ejerce
el cargo de Fiscal General de la República, simple instrumento de represión
política.
El caso especial de la Región Zuliana
No estaría completa esta sintética relación de los sentimientos, sin unas
consideraciones relativas al Zulia. El amor, la solidaridad y el activo respaldo
del pueblo, superan todo podía esperar. Nací, crecí, estudie, me hice dirigente,
me gradué y me casé en
Maracaibo. Como deportista y político, desde muy joven aprendí a conocer
esta portentosa Región. Municipios, parroquias, barrios, instituciones,
personalidades conocidas y anónimas, para el gran público, dentro y fuera de la
política y del deporte, fuimos construyendo lazos indisolubles de amistad,
solidaridad y, sobre todo, de comprensión entre todos. En estas horas difíciles,
esos lazos invisibles se han hecho presentes, con mucha fuerza, en sus
particulares manifestaciones individuales, familiares y colectivas. Siento el
ánimo reforzado
para seguir siendo fiel al Zulia y su gente, el compromiso mayor de lo
que me resta de vida. Donde quiera que me pare, sentiré el orgullo y la
responsabilidad de ser hijo de esta tierra, curtido por su sol, orientado por la
luz del Catatumbo, y quien, como todos, también le reza a Jesucristo y se
inclina respetuoso ante La Chinita.
He gobernado al Zulia, pero también he sido gobernado por los ustedes, los
zulianos, mucho más de lo que desprevenidamente puede percibirse. Han aplaudido
lo bueno y han sido severos críticos de errores y omisiones. Repaso la película
de todos estos años. Jamás los defraudaré. Profundizaremos la lucha por la
descentralizació n, por la autonomía del
Zulia en los términos constitucionales, por la honestidad, por el
crecimiento económico y el
progreso social, por la seguridad de las personas y los bienes, y en fin,
por el bienestar y
la felicidad de los zulianos.