 |
 |
Foto
SANDRA BRACHO
“Vamos a reorganizar
nuestras vidas”, dicen
los esposos López
Castillo
|
|
|
|
“Aliviados”. Esa es la sensación
que cruza las humanidades de Haydée Castillo y Antonio
López Acosta, los padres del abogado Antonio López
Castillo, fallecido en confusas circunstancias en un
enfrentamiento con la policía en medio de las pesquisas
para hallar los autores materiales e intelectuales del
asesinato del fiscal Danilo Anderson, una vez que
estuvieron al corriente de que fueron hallados inocentes
de los delitos de tenencia y ocultamiento de armas.
“Tenemos un problema menos en las manos”.
Desde entonces, cada cierta cantidad de semanas, alguna
versión no confirmada colada de las entrañas de la
administración publica les prometía que la decisión
de liberarlos de cualquier responsabilidad en esta
desagradable circunstancia era inminente.
“Pensamos que el asunto era cosa de días”, cuenta
Castillo al referirse al momento en que los fiscales
hablaron de sobreseimiento.
Poco más de un año tuvieron que esperar los esposos López
Castillo para sacarse de encima la horrorosa perspectiva
de enfrentar un proceso judicial luego de perder a uno
de sus hijos. Un estado de angustia que nadaba en la
espesura de la exasperante lentitud de la burocracia y
los retardos procesales de la quinta república.
Haydée Castillo de López Acosta confiesa: “Tenía la
sensación de ver la grieta de una gaveta que no se movía”.
Castillo insiste en que en el caso de su familia debe
hacerse justicia, y mantiene que su hijo es inocente del
delito que se le acusó. “Es absolutamente inocente,
salvo prueba en contrario.
Mi hijo fue muerto en un enfrentamiento policial en el
cual no se le participó nada, ni siquiera fue detenido
o imputado. Lo mataron en un enfrentamiento que nadie
vio cuando iba camino a su oficina”. Relata que el
propio general Néstor González González había
revelado públicamente que a López Castillo lo mataron
“porque lo confundieron con su persona”.
Entre otra diligencias pendientes, los padres de Antonio
López Castillo aún esperan que la autoridades le
entreguen a la familia los efectos personales del
abogado: lentes, reloj y otras pertenencias confiscadas
en las investigaciones.
Justicia
divina
Ir a misa, hacer mercado,
visitar a médicos y reunirse ocasionalmente con
amistades: en esas circunstancias, una semana tras otra,
Haydée Castillo y Antonio López Acosta aguardaban el
desenlace del trámite judicial con una dosis cotidiana
administrada de angustia en medio del luto, sin mayores
noticias formales de alguna autoridad.
Liberados definitivamente de toda responsabilidad, los
esposos López Castillo se aprestan a organizar sus
vidas con coraje. En primer lugar, esperarán que Víctor
Bueno, juez de control encargado del caso, oficie su
decisión a la Onidex para tramitar sus pasaportes.
Entonces visitarán a dos de sus hijos, que contrajeron
nupcias en el exterior mientras se consumaba este capítulo.
“Lo que queremos es estar con la familia, descansar un
poco”, dice Castillo. “La vida seguirá su curso. Más
adelante veremos.
Dios, que todo esto lo está viendo, sabrá cómo
impartir justicia”.
|