La imputación contra los
comisarios Vivas, Forero y Simonovis, por las muertes del
11A, se remonta a una misteriosa reunión que sostuviera el
fallecido fiscal Anderson.
FRANCISCO OLIVARES
EL UNIVERSAL
Del 11 de abril de 2002 sólo va quedando la historia
escrita en los expedientes oficiales levantados por la
Fiscalía y los tribunales de la República. Una historia
que corre paralela a la realidad de 19 muertes y más de 150
heridos de bala en donde, de 19 expedientes que fueron
abiertos, correspondientes a cada una de las víctimas, sólo
uno siguió su curso, mientras el resto ha permanecido
congelado en los archivos de los fiscales del Ministerio Público.
Este expediente es el que corresponde
a las muertes de Erasmo Sánchez y Rudy Urbano Duque, dos víctimas
identificadas con el sector oficialista que murieron en el
puente Llaguno y en el que, al final de la cadena, habrían
de quedar como responsables los comisarios Henry Vivas,
quien para la fecha de los sucesos de abril era director de
la Policía Metropolitana; Lázaro Forero, comisario jefe, e
Iván Simonovis, director de Seguridad Ciudadana. La acusación
sostiene: `Cómplice necesario en la comisión del delito de
homicidio calificado en grado de complicidad correspectiva´,
en relación a la muerte de los dos ciudadanos anteriormente
mencionados.
Para Carlos Bastidas, abogado defensor
del comisario Simonovis, una vez absueltos de toda
responsabilidad el grupo de pistoleros que actuaron en el
puente Llaguno y la avenida Baralt, había que presentarles
a Venezuela y al mundo un ejemplo de responsabilidad penal
de las personas que, en el concepto oficialista, fueron
causantes de las muertes de abril. Es decir un culpable
necesario. Según apunta Bastidas, no imputaron a la Guardia
Nacional, que todos la vieron disparar, ni a la Policía de
Libertador, tampoco a la Disip ni a otros organismos de
seguridad del Estado porque todos, menos la PM, estaban
identificados con el Gobierno. Entonces, necesariamente, el
Gobierno tenía que endosar esa responsabilidad a la oposición,
usando como carnada a la Policía Metropolitana y sus jefes
del momento, Henry Vivas y Lázaro Forero.
Pero ellos no eran el destino de todo esto: el destino
final era Alfredo Peña. Entre Vivas, Forero y Peña estaba
Iván Simonovis, secretario de Seguridad de la Alcaldía
Mayor de Caracas.
La mano de Anderson
Para llegar a estos tres comisarios la Fiscalía, a través
del fallecido Danilo Anderson, imputó en julio del año
2002 a ocho funcionarios de la PM. En dos ocasiones el
desaparecido fiscal solicitó medida privativa de libertad
contra los funcionarios y en las dos ocasiones le fue negada
por falta de elementos de convicción que sustentaran la
acusación contra los policías. El último intento negado
fue el 9 de enero de 2003 ante el Juzgado Primero de Control
de Maracay, a cargo de Doménico D'Gregorio, quien quince días
después del fallo fue destituido sin que mediara ningún
proceso.
El 15 de abril la Corte de Apelaciones del estado
Aragua fue más diligente y dictó la medida de privación
de libertad contra los ocho policías, quienes desde
entonces permanecen detenidos.
Es de recordar que la Fiscalía nunca pudo probar la
autoría material de ninguno de estos policías en relación
con la muerte de Sánchez y Urbano. Dos de estos
funcionarios ni siquiera estaban en la avenida Baralt, otros
nunca dispararon sus armas y, los que sí lo hicieron, su
ubicación no se corresponde con la trayectoria de disparo
que se desprende de las experticias realizadas por el Cicpc.
Según lo interpreta Carlos Bastidas, luego de que
absuelven a los pistoleros de Llaguno y apresan a los PM
vienen las elecciones y Alfredo Peña se retira y sale de la
Alcaldía Mayor. Todo apuntaba a que Juan Barreto asumiría
el cargo, como efectivamente ocurrió. Los ocho policías,
mal que bien, tenían alguna esperanza mientras estaba
Alfredo Peña como alcalde y mientras la PM no estuviera en
manos del oficialismo. Cuando eso cambia, la situación se
convierte en un escenario cien por ciento negativo para
ellos. Entonces tienen que reorientar su estrategia. ¿De qué
manera podían negociar su libertad? A cambio de lo que sea,
incluso mentir, como hicieron algunos. El Gobierno les
ofreció una flexibilización de los cargos en su contra, si
a cambio `colaboraban´. Esa colaboración consistió en
cambiar lo que habían declarado durante dos años (nosotros
no disparamos, no tenemos responsabilidad) por decir,
tomando un grave riesgo, que sí habían disparado
obedeciendo instrucciones de Vivas y Forero.
Los PM cambian a sus defensores, que habían sido Juan
Carlos Gutiérrez y su equipo, por defensores públicos y
hacen una audiencia, que no está permitida en el COPP, para
cambiar su declaración (no se puede declarar entre la
imputación y el juicio).
El acuerdo se habría concretado el 3 de septiembre de
2004, luego de una visita sorpresiva que realizara el fiscal
Anderson a la sede de la PM en Cotiza, donde se encontraban
los funcionarios presos. Dos meses después, el mismo fiscal
informaba que se habían librado las boletas de citación
contra el alcalde Alfredo Peña, el secretario de Seguridad
Ciudadana Simonovis, Henry Vivas y el director de la PM, Lázaro
Forero, para ser imputados por `homicidio en grado de autor
intelectual´ por los hechos del 11 de abril.
Ya siendo alcalde mayor, Juan Barreto declaró el 11
de septiembre que: `solicitará que los ocho efectivos de la
PM... sean trasladados a la Disip´ argumentando que `el
fallecido fiscal Danilo Anderson le había pedido
recientemente que, con el objeto de salvaguardar la vida de
estos efectivos, hiciera las diligencias pertinentes a fin
de concretar el traslado´.
Según señaló Barreto: `Estos funcionarios tienen
mucho que aportar a las investigaciones... querían hablar,
querían decir otras cosas, agregar nuevos elementos al
juicio que se les sigue...´
La delación
Entre el siete y el ocho de diciembre de 2004 fueron
trasladados los ocho funcionarios policiales a Maracay para
ofrecer nuevas declaraciones en audiencia privada ante el
Juzgado Cuarto de Juicio.
Las declaraciones no se orientaron a aportar nuevos
elementos para su propia defensa sino a delatar a los
comisarios Vivas, Forero y Simonovis como quienes ordenaron
disparar a los activistas del oficialismo. Según esos
testimonios, el 11 de abril recibieron instrucciones a través
de la radio policial de parte del comisario Lázaro Forero
de `disparar a los talibanes´.
Esos nuevos testimonios fueron empleados como el
principal fundamento de la acusación presentada por la
fiscal Luisa Ortega Díaz el siete de enero de 2005.