El gobierno de Hugo
Chávez ha intentado por todos los medios borrar la historia, el
episodio de aquel 11 de abril del 2002 cuando, en horas del mediodía, un millón
y medio de venezolanos llenaron las calles de Caracas en forma pacífica y
espontánea y caminaron rumbo al Palacio Presidencial a exigirle la renuncia
al presidente Chávez. En las cercanías fueron atacados, con un saldo de 19
muertos y más de 200 heridos.
Hoy, cinco años después, recordamos ese día triste que enluta a los
hogares venezolanos.
Los 19 muertos siguen esperando justicia: en el caso de 16 muertos de la
marcha pacífica, sólo por pertenecer a la oposición, no se les ha
concluido investigación alguna.
De los tres muertos del oficialismo, se siguen procesos legales por dos
de ellos. Los procesados por estas muertes forman parte del grupo de 23
presos políticos venezolanos: el comisario de la Policía Científica
Iván Simonovis, y los comisarios de la Policía Metropolitana Lázaro
Forero y Henry Vivas, así como ocho policías metropolitanos: Marcos
Hurtado, Rafael Neazoa, Julio Rodríguez, Héctor Rovain, Erasmo Bolívar,
Arube Pérez, Ramón Zapata y Luis Molina, quienes se encuentran en
medio de un proceso penal sin ningún tipo de garantía judicial, sin
una prueba que muestre culpabilidad alguna y con una detención que se
convirtió en ilegal. Son los culpables necesarios de un gobernante
pseudodemocrático que atribuye las muertes a quienes trataron de evitar
la masacre.
El grupo oficialista que disparaba contra los manifestantes opositores
en las cercanías de Miraflores desde el Puente Llaguno, y que fue
captado por la televisión, salió absuelto de toda culpa. Chávez los
bautizó como ``Héroes del Llaguno''.
Otro preso político que cumple una sentencia de 12 años en una
celda de la cárcel militar en Ramo Verde es el capitán Otto
Guevauer, por seguir las órdenes de custodiar a Chávez, quien había
renunciado por estos hechos y fue testigo de las lágrimas del
mandatario al perder el poder.
La víctima 19 también esperó durante 10 meses en una morgue
caraqueña hasta que fue sepultado en total soledad y sin doliente
alguno. Posteriormente se recibe un informe del DAS colombiano, el
cual identifica a la víctima: Luis Monsalve (una de sus
identidades), guerrillero del Ejército Popular de Liberación de Colombia.
Monsalve defendía la revolución venezolana. Con el silencio de
su muerte, el gobierno venezolano se esfuerza por silenciar la
verdad de las 19 víctimas y ocultar a los verdaderos
responsables. Sin embargo, las 19 muertes siguen clamando por
justicia, los presos políticos luchan por su libertad y los
venezolanos no olvidan quién es el verdadero responsable de esta
masacre.
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