La captura del guerrillero colombiano, Rodrigo Granda, provocó el desmantelamiento del Grupo Antiexorsión y Secuestro que operaba desde Táchira
(Foto Archivo)
 
  Caracas, domingo 02 de octubre, 2005
Nacional y Política
SOTANO 1/El captor del guerrillero
Militares puestos al límite
FRANCISCO OLIVARES
EL UNIVERSAL
"En Venezuela, cumplir con los Derechos Humanos constituye una vocación y no una conveniencia del Estado...", el pensamiento fue expresado por Mari Pili Hernández, vicecanciller de la República para el hemisferio norte, en una conferencia ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Si bien la vocación por el derecho parece ser una premisa del Estado venezolano, no lo fue para los carceleros del teniente coronel Humberto Quintero Aguilar, imputado por "Traición a la Patria" por haber detenido y entregado a Colombia al guerrillero de las FARC, Rodrigo Granda.
Quintero Aguilar fue detenido el 12 de enero de 2005. Para el momento de su detención el miembro de la FAN estaba al frente del Grupo Antiextorsión y Secuestros que opera en el Estado Táchira. Este grupo especial de la GN estaba especializado en la lucha contra grupos irregulares que operan especialmente en la zona fronteriza. En estos combates se incluía: la guerrilla y paramilitares provenientes de Colombia y grupos armados venezolanos como el Frente Bolivariano de Liberación, que se identifican con el presidente Hugo Chávez.
A raíz de la detención y entrega de Granda, "el Canciller de las FARC", como se le conoce en Colombia, el grupo Antiextorsión fue desmantelado y su personal militar especializado en esas materias fue colocado, de manera desarticulada, en otras guarniciones a lo largo del país.
Como comandante de esa unidad, Quintero no hizo distinción entre paramilitares y guerrilleros a la hora de resolver un secuestro o de enfrentar a algunas de las columnas armadas que operan en territorio venezolano. Según sus propias palabras, mantuvo una posición institucional a pesar de las presiones que frecuentemente recibía desde sus superiores de hacerse la vista gorda con respecto a los campamentos temporales que las FARC o el ELN suelen montar dentro del territorio. Con respecto al grupo venezolano, Frente Bolivariano de Liberación, Quintero lo considera como una organización muy bien entrenada que aplica una filosofía similar a la del grupo de "Cazadores" del Ejército.
La vivienda del oficial detenido y su oficina fueron allanadas y toda la documentación que acumulaba sobre los movimientos armados que operan en Venezuela fueron confiscados.
Al momento de la detención, el ministro del Interior y Justicia, Jesse Chacón, aseguró que el secuestro de Rodrigo Granda fue ejecutado por agentes de la policía de Colombia y cinco militares venezolanos, por lo cual el comandante Quintero habría recibido millón y medio de dólares como recompensa por el trabajo. El secuestro de Granda ocurrió el 13 de diciembre de 2004 y al día siguiente fue entregado a las autoridades colombianas en Cúcuta.
Soraya de Quintero, la esposa del militar, poco después de su detención, negó que su esposo haya cobrado algún tipo de recompensa por entregar a Rodrigo Granda y respondió a Chacón señalando que "es absurdo pensar que una persona que cobró 1,5 millones de dólares se hubiera quedado en su puesto a la orden de su comando". También defendió la labor de su esposo y del Grupo Antisecuestro, expresando que "gracias al esfuerzo y desempeño de los integrantes de ese grupo de la FAN, muchos hogares venezolanos pueden dormir tranquilos" (...) "si se prueba judicialmente que mi esposo entregó a Rodrigo Granda a las autoridades colombianas, entonces en nombre de miles de familias venezolanas le doy las gracias y le reitero que me siento orgullosa de él, ya que esta acción nos evitara leer amargos titulares como el de la muerte de Cecilia Cubas", la hija del ex presidente paraguayo. Es de recordar que la autoría intelectual de dicho secuestro fue atribuida a las FARC, por las que participaría Rodrigo Granda.
Viejas torturas
Actualmente, una comisión parlamentaria se propone desenterrar casos de torturas que se aplicaron durante los años sesenta cuando el movimiento armado revolucionario venezolano decidió tomar las armas para enfrentar a los gobiernos surgidos después del 23 de enero de 1958. De aquellos años quedaron numerosos testimonios recogidos en memorables escritos en los que se señaló a la Disip, a la FAN y los Teatros de Operaciones como los principales protagonistas en la aplicación de torturas a los presos políticos de esa época.
Pero no hay que ir tantos años atrás para ver repetida esa práctica reñida con la ética y los derechos humanos para hacer valer la vocación que manifiesta Mari Pili Hernández en sus conferencias internacionales.
El comandante Quintero Aguilar, una vez detenido, fue conducido a la DIM. El punto de honor de la Fiscalía Militar era obtener una confesión en la que se señalara claramente que en la detención de Rodrigo Granda, ocurrida en Caracas, y su entrega ilegal a las autoridades colombianas en la ciudada de Cúcuta, había una intervención de personal de inteligencia colombiano con la asesoría de la CIA. En otras palabras, que en la detención del guerrillero participarían activamente los gobiernos de Colombia y de Estados Unidos. También se esperaba que confesara que por entregar a Granda había recibido 1,5 millones de dólares como recompensa. Ambas acusaciones fueron reiteradamente negadas por el oficial, al tiempo que nunca se encontró ningún rastro de la existencia de ese supuesto pago en dólares.
Nuevas torturas
Inmediatamente después que Quintero fuera detenido y trasladado a la sede de la DIM, fue encapuchado y llevado a un inmueble que, según sus cálculos, estaría ubicado a una media hora de la sede de la DIM en Boleíta.
Sus carceleros le advirtieron que el único artículo 49 de la Constitución (referido al debido proceso) que le iban a aplicar era el de ellos. Seguidamente le colocaron periódicos en las muñecas y encima las esposas, de manera de no dejar huellas.
Todos en el grupo estaban encapuchados, pero "seguramente adrede", dejaron ver chaquetas con la identificación del Cicpc, según recuerda Quintero.
Una vez en el inmueble, lo primero que le aplicaron fue la asfixia mecánica, colocándole una bolsa plástica en la cabeza. Según narra Quintero, fue perdiendo el conocimiento hasta que entró en un grado de desesperación. Al llegar a ese punto, sacó una fuerza extraordinaria y derribó a los carceleros para poder respirar. Es una reacción natural de parte de quien llega al límite.
Luego de varias horas de forcejeo con los carceleros, Quintero aceptó hacer una confesión grabada al gusto de sus captores. A esa "confesión" bajo tortura, el Ministro del Interior y Justicia, Jesse Chacón la llamó "versión" en una interpelación en la Asamblea Nacional. La confesión fue grabada en video por los efectivos militares.
De la sesión de interrogatorio a Quintero le quedó un hematoma en una vértebra.
Tortura sicológica
Al lado de la tortura física se produce otra, la sicológica, que afecta al detenido a través del cuadro familiar. Según narra Quintero, luego de regresar a la sede de la DIM comenzó esa etapa. Humberto Quintero es casado y tiene un hijo. Lo primero que hacen es mostrarle todos los movimientos de su familia más cercana, dónde viven, a dónde van o en qué vehículo se transportan. Le dicen que los van a secuestrar. Allí insisten en la negociación: "si involucras a Estados Unidos y Colombia te damos la libertad", esa era la demanda.
Quintero Aguilar fue recluido en el sótano 1 de la DIM. La celda tenía 2 por 2,5 metros y una ventanilla de 30 por 30 centímetros, era la única iluminación que entraba desde el pasillo. Había una colchoneta en el piso y sólo lo dejaron con un short y unas chancletas.
Para hacer una necesidad fisiológica o tomar agua había que sacar la mano por la ventanilla, a la espera de que el custodio se percatara o asintiera atender el llamado.
Según reflexiona Quintero, eso le genera al preso un estado de sumisión y dependencia con el custodio. Piensa que esa dependencia termina por producir eso que se llama "síndrome de Estocolmo" según el cual, la víctima termina agradecido por cualquier ayuda o cualquier gesto humanitario de su carcelero o secuestrador.
Al igual que otros en la misma situación, fue despojado del reloj, de manera que se pierde el sentido del tiempo. Al principio trató de mantener la relación del tiempo a partir de las horas de comida, pero los carceleros, conscientes de eso, alteran arbitrariamente las entregas de los alimentos.
Los días de confinamiento se interrumpen sólo para continuar con largas horas de interrogatorios.
En esa celda permaneció siete días y llegó al Tribunal Militar sin haber podido nombrar a un abogado defensor. A su esposa la pudo ver en el llamado salón de los espejos por cinco minutos y más tarde supo que los interrogatorios estaban autorizados por el jefe del departamento de Investigaciones de la DIM. A raíz de los asesinatos de los jóvenes de Barrio Kennedy, en donde intervinieron funcionarios de la DIM, las celdas e instalaciones del sótano 1 fueron derribadas.