Congreso
Internacional de Conindustria 2007
La
empresa privada como actor del desarrollo
Democracia
y Paz Social
Para
la presentación del próximo tema a
cargo
del magistrado Baltasar Garzón: dejo la palabra al Presidente de
Conindustria,
Eduardo
Gómez Sigala…
Baltasar
Garzón es
Licenciado en Derecho, Magistrado de la Audiencia Nacional de España desde
1988 con competencia en terrorismo, narcotráfico, blanqueo de dinero,
delincuencia económica organizada y extradiciones. En 1993 fue elegido
Diputado
por Madrid en las listas del Partido Socialista como independiente y
posteriormente fue Secretario de Estado Delegado del Gobierno para el Plan
Nacional sobre Drogas hasta mayo de 1994, fecha en que se reincorporó a la
audiencia nacional.
Ha
sido declarado Doctor Honoris Causa por 21 universidades, entre otras por la
benemérita Universidad Autónoma de Puebla en México, Universidad Nacional
de Rosario, Argentina, el New School University de Nueva York, la Universidad
Nacional de Quilmes Argentina, entre otras. Forma parte de las siguientes
organizaciones:
Declaración
de París contra la corrupción, Grupo de amigos de la coalición de la Corte
Penal Internacional de Nueva York, Comité Científico del Programa Global
contra la corrupción, organizado por el instituto para la prevención del
delito y justicia penal para las Naciones Unidas y el Centro para la
Prevención del delito, Comité Ad hoc de defensa de los derechos humanos,
Bogotá-Colombia y Comité científico de la revista Proyecto.
Es
cofundador de l´Appel de Genève, movimientos de magistrados europeos
iniciados
en Ginebra por siete magistrados y cofundador del Comité Drogas No. Ha sido
miembro de la Misión Política Internacional de Colombia con la Fundación
Robert Kennedy a instancias de la Confederación de Organizaciones no
Gubernamentales
de Derechos Humanos así como miembro del Consejo Asesor del CIT Paz, (Centro
Internacional Toledo para la Paz).
Asimismo,
ha desarrollado importantes investigaciones en el ámbito del terrorismo
nacional e internacional y del contraterrorismo y del crimen organizado y
dentro del mismo en forma específica contra narcotráfico, lavado de dinero,
criminalidad económica y extradición, así como ha instruido importantes
causas contra las Libertades y derechos humanos, empresariales y laborales –
cúpulas irresponsables militares de la represión contra la dictadura
argentina y en Chile ordenado y consiguiendo la detención de Augusto Pinochet
en Londres de
1998.
Damos
la más cordial bienvenida al juez Baltasar Garzón cuya ponencia se titula
“Libertades
y Derechos Humanos Empresariales y Laborales.”
Libertades
y derechos humanos, empresariales y laborales
Baltasar
Garzón:
considerarse
de esencia superior y heredero legítimo del patrimonio ajeno, o convertir en
mesiánicas las empresas humanas, son algunas de las fuentes de la violencia
que día a día atenazan a muchos pueblos y constituyen la peor solución de las
posibles.
Han
sido necesarios miles de masacres, genocidios, crímenes contra la humanidad,
ataques terroristas, guerras, represiones brutales sobre millones de personas,
así como la configuración d mundo como forma de pobreza extrema, la
presencia de violencia contra los más débiles, es decir, mujeres, niños,
indígenas y ahora los desastres naturales para que por fin nuestras
conciencias que tienden hacia una comodidad consumista, hayan despertado de su
letargo y hayan comprendido que la acción es el único camino, sea donde
fuere el lugar en el que se produzca el ataque, es universal el daño,
universales
las víctimas y universal debe ser la respuesta en los diferentes ámbitos,
culturales, económicos, sociales, de la justicia.
Lentamente
estamos pasando de una sensibilidad epidérmica a una sensibilidad de fondo,
acorde con los graves momentos que estamos viviendo, tiempos en los que
empieza a hacerse realidad el compromiso rebelde y democrático que
reconstruirá el maltrecho edificio de la comunidad internacional, basado en
la solidaridad y en la confianza entre los Estados.
Es
por ello que una sociedad constituida sobre la justicia, sobre la exigencia de
responsabilidad y sobre la erradicación de la impunidad es una sociedad más
libre, más democrática, y por ende, más firme en sus valores y
aspiraciones, que protegerá más adecuadamente a sus componentes, sin que
para ello tengan que disminuir las conquistas que integran los baluartes
básicos de nuestros pueblos y que son los que a través del diálogo, del
respeto y de la aproximación política y cultural, hacen que día a día,
construyamos el edificio común, en el que con todas las discrepancias que
tenemos, nos integremos en un futuro de esperanza.
Ciertamente
la libertad se siente amenazada en muchos lugares del mundo pero no tan sólo
por la acción de las organizaciones mafiosas o terroristas o por dictadores
inmorales o genocidas. Esto, diríamos, es lo normal. Sino también por
aquellos que desde el poder imponen un estado de cosas que resultan
difícilmente aceptables en una democracia. Los discursos de estos sectores
están llenos de citas y referencias a la libertad, a la democracia, a la
justicia y a los derechos humanos, al flagelo del terrorismo o a la lucha
contra la corrupción, pero son utilizados en forma recurrente como una
especie de cortina de humo que oculta una realidad más atroz, más real, en
la que el significado auténtico de aquellos conceptos se pierde. Estos nuevos
césares no quieren saber nada de la opinión de sus compatriotas cuando se
oponen a sus criterios o decisiones, toman éstas parcial y arbitrariamente,
prescindiendo del interés de aquellos o incluso en contra del mismo y al
margen de la legalidad o con una legalidad adormecida por la inacción de
aquellos que deberían exigir su respeto y cumplimiento. Para adornar sus
posiciones los intolerantes
Mientras
tanto algunos líderes políticos siempre hablan en nombre del pueblo,
incluso
cuando el pueblo ha sido secuestrado en su soberanía y ha sido manipulado
o
engañado por decisiones como aquellas que tuvieron lugar en la denominada
Cumbre
de las Azores del 16 de marzo de 2003, fecha en la que se escenificó
finalmente
la invasión de Irak dando lugar o abriendo las puertas al infierno en el que
más de 500 mil personas han perdido la vida.
Pero
el pueblo antes sumiso hoy debe de asumir su responsabilidad, la
responsabilidad
que le corresponde en esa fase tan delicada de la historia de la
humanidad
en la que vivimos, fase en la que el miedo debe dar paso a la
responsabilidad
y al compromiso. La historia de estos años es paradigmática. Esta
época
contradictoria pasará y quedará en el recuerdo como aquello en la que la
fuerza
de unos pocos se impuso a la voluntad de muchos, pero también como la que
dio
lugar al despertar de una nueva conciencia en la opinión pública, que como
dice
José
Saramago, se ha convertido en una potencia con la cual el poder tiene que
contar;
una potencia que no puede ser lisa y llanamente silenciada.
La
discrepancia en el respeto mutuo da vida a la verdadera democracia. La
represión
del otro porque sus opiniones no nos gusten, conduce a la oscuridad de los
intolerantes.
La grandeza de la democracia es confrontar tu criterio con el del otro
con
el debate y en su caso aprovecharlo para hacer estado, pero no anularlo
obviando
todos los controles o aprovechando el poder conferido. La participación de
la
sociedad civil, lejos de ser denostada debe de ser auspiciada y propiciada sin
manipulación.
Y ello exige un cambio en el modelo político de participación con
mayor
presencia en las decisiones que tomen las instituciones para poder distinguir,
como
decía Popper, en todas partes lo verdadero de lo falso. Y en esta labor de
denuncia
y participación activa de la sociedad civil, debemos mostrarnos atentos con
la
libertad vigilada o manipulada, que a veces se propone desde el poder o desde
otros
sectores adictos al mismo.
Algunos
medios de comunicación se han convertido en una especie de brigada
más
del regimiento, en portavoz del mismo. Pero no sólo para aquellos aspectos
que
son
políticamente oportunos. Es decir, se necesitan medios pacificados o sumisos
y
a
críticos con el poder, pero también eliminar o silenciar a los adversos.
Frente a esta
realidad,
sólo cabe poner en práctica el principio de la indignación activa exigiendo
el
derecho
a recibir una información veraz, que junto con la libertad de expresión sea
la
medida
y alcance de nuestros derechos. A veces me pregunto dónde estamos y
hacia
dónde vamos. Dudo que hoy día tengamos una idea general y clara en el
mundo
de cuál es el mundo inmediato a seguir, ni cuál vaya a serlo a medio plazo.
Tan
sólo vivimos, o nos hacen vivir, la inmediatez impuesta por los
acontecimientos.
Una
especie de sucesión vertiginosa de escenas que no te dejan pensar ni valorar
lo
que
sucede. Pero quizás la secuencia de los hechos no sea tan casual o
deslavazada
como parece. Quizás haya un motor alimentado por múltiples
generadores
sociales, políticos o económicos.
En
nombre de la libertad, queridos amigos, se mata, se tortura, o se secuestra, o
se
invade un país, o se asumen como daños colaterales los miles o cientos de
miles
de
víctimas que se pueden producir o se violan sistemáticamente los Derechos
Humanos.
Pero todo ello estará aturfado porque se trata de una lucha por la
liberación,
por la recuperación de la dignidad de un pueblo, por la liberación del
pueblo
de la oligarquía económica, o para sacar al pueblo de la pobreza. Si bien, y
al
final,
lo único que se persigue es el control político y económico con métodos
expeditivos
y en base a una especie de orgullo desmedido del que habla Michelin
Natiev,
que
se aproxima a una especie de poder sin límites por encima de cualquier
control.
La ausencia de límites al poder de la voluntad del líder, es altamente
peligrosa
para la democracia, la libertad y la paz. Y sobre todo, genera espacios sin
derecho
o zonas libres de Derechos Humanos.
Pues
bien, y por lo que a mí corresponde, en momentos como estos, es más
necesario
que nunca hacer una invocación al Poder Judicial independiente.
Necesitamos
una Judicatura no sólo científicamente preparada, sino contaminada de
sociedad,
mezclada con la sociedad para que los jueces estén próximos a los
problemas
y los asuman como propios para resolverlos. El Juez es el último garante
de
los derechos ciudadanos. Y debe ser el primero en defenderlos con
imparcialidad,
independencia
y responsabilidad. A veces me pregunto si los jueces comprendemos
realmente
el auténtico sentido del concepto justicia. Y si somos conscientes del gran
poder
que nos otorgan las respectivas constituciones y las leyes. Y sobre todo me
preocupa
el hecho de que haya jueces que no siempre hacen buen uso de ese
poder,
o peor aún, que desconocen el alcance de la responsabilidad que asumen por
el
hecho de ser jueces.
Soy
de los que piensan que todavía existe un largo camino que recorrer para
poder
hablar de que los principios y Derechos Humanos básicos de los ciudadanos
están
realmente protegidos. Desgraciadamente, son muchos países. En muchos
países
el sistema judicial es siempre la hermana pobre o el capítulo más
desatendido
del
Estado. Y el poder que ejercen los jueces no se corresponde con la autoridad
ética
que deberían tener para convencer en el ejercicio de ese poder a los
ciudadanos.
La justicia no se pide. Se exige. Ningún juez debería permitir que un
ciudadano
le diera las gracias por impartir justicia porque esto es un deber, una
obligación
legal y no un privilegio de castas, un país con un sistema jurídico
garantista
y un poder judicial sólido que lo desarrolle con imparcialidad e
independencia,
con firmeza democrática, hacen a ese país más libre, más solidario,
más
igualitario, más valiente y por supuesto más justo.
En
el esquema del Estado que marcara Mostesquieu con la separación de
poderes,
el poder judicial ejercido por todos y cada uno de los jueces es el pilar más
firme
en el que se debe apoyar todo el armazón del estado de derecho, garantizar la
independencia
de los jueces desde adentro y desde afuera resulta básico para
conseguir
el ideal de justicia. El juez por su parte debe hacerse digno acreedor de su
independencia
y defenderla bajo los criterios de legalidad en el equilibrio institucional
que
le corresponde con los demás poderes.
La
justicia, además de ser un valor y un principio, es un servicio público y
los
jueces
somos servidores públicos, por ello el compromiso responsable con la
sociedad
es indiscutible e imprescindible, pero también debe dotársele de los
instrumentos
necesarios para hacerla realmente eficaz. Más allá de las meras y frías
estadísticas
hay que dotarle de alma, de sentimiento, de entrega y de vocación en la
defensa
de las víctimas que conduzcan a éstas del miedo a la esperanza y que
contribuya
a recuperar las bases morales que dan fuerza a un pueblo como
fundamento
de la sociedad democrática y que abrirán definitivamente las puertas a
un
futuro posible y diferente.
De
nada vale tener un buen sistema judicial si no existen mecanismos adecuados
para
desarrollar esa labor o si impide o dificulta su desarrollo. La frustración
que
genera
esa circunstancia propiciará el sentimiento de engaño e incumplimiento del
contrato
democrático entre los líderes políticos y representantes populares con los
que
soberanamente los eligieron. No debe olvidarse que el servicio público,
incluida
la
labor institucional y política, es como su nombre lo indica, algo que se
presta por y
para
el ciudadano y no en beneficio propio.
Urge,
por muy evidente que sea abandonar el concepto clientelar y patria
moralista
de la política y de la función pública en beneficio de aquel sagrado
principio.
En la sociedad globalizada actual junto a los avances de la técnica y los
nuevos
mecanismos de comunicación y economías mundializadas ser ha
desarrollado
también un lado oscuro, impenetrable y opaco de esa globalización a
través
del crimen organizado, específicamente del terrorismo, narcotráfico, lavado
de
activos,
corrupción y frente a ellos los jueces tienen una importantísima labor que
hacer,
no sólo en la persecución implacable de estos fenómenos sino también en la
enseñanza
a modo de prevención general que se combate se está realizando.
Los
jueces no tiene por qué ser mártires o héroes en la aplicación del
derecho,
pero
sí tienen que asumir riesgos y peligros y deben de hacerlo con decisión y
valentía,
por encima de cualesquiera intereses espúreos. Si un juez muestra miedo o
coacción
y actúa, está prevaricando y a partir de ahí no puede continuar ni un
minuto
ejerciendo
ese poder. La justicia no sólo hay que aplicarla sino que también los
ciudadanos
deben percibir que sí aplica y su labor se engrandece cuando aquellos
comprueban
que el sistema judicial actúa con independencia y contra quien
quebranta
la ley, sea cual fuere el nivel de importancia del infractor y
específicamente
cuando son los propios miembros del poder judicial.
La
credibilidad no se gana con el ingreso en la carrera judicial sino con el
firme
compromiso
democrático de administrar justicia día a día y con la realización diaria
de
ese compromiso. Los jueces como los políticos deben constituir el espejo en
que
los
ciudadanos se miren y se reconozcan, desgraciadamente con mucha frecuencia
la
imagen que hoy se ve de éstos en muchos países está muy distorsionada por
diversos
factores y no está a la altura de la misión que ambos deben desempeñar.
Cuando
los jueces o los sistemas judiciales son o están demasiado próximos al
poder
político, pierden la objetividad y el equilibrio que deben mantener a la hora
de
administrar
justicia y pueden perder la perspectiva básica que la administración de
justicia
es un servicio público del que los ciudadanos disponen para la defensa de
sus
derechos básicos, precisamente frente a aquel poder cuando los desconozca.
Los
jueces modernos, además de tener una remuneración justa, deben estar
absolutamente
comprometidos por la defensa de los derechos humanos, pero no
como
mera retórica para que quede dicho en un acto como éste sino día a día
asumiendo
el deber de defenderlos o abandonar el cargo. La del juez no debe ser
una
profesión cómoda sino ciertamente comprometida con aquellos que más
necesitan
esa protección, pero actuar con independencia e imparcialidad no significa
olvidar
el papel integrador que el poder judicial tiene junto con los demás poderes
del
Estado
para afrontar los retos que sin duda cualquier país tiene que asumir en la
defensa
de sus conciudadanos.
Realmente,
si no somos capaces de defender y conseguir que se desarrollen y
respeten
los derechos sociales de los ciudadanos y los de libre empresa e iniciativa,
de
poco nos vale hablar de defensa de los derechos fundamentales ni de avances de
la
democracia para los mismos.
El
combate de la pobreza, de las desigualdades sociales de la corrupción que
impiden
o dificultan esa dignidad básica de los ciudadanos, debe ser indeclinable y
ocupar
el primer renglón de las agendas de los gobernantes de un país, transigir
con
ello
y favorecer a quienes anteponen el beneficio personal al de los ciudadanos
convierte
en inútiles los esfuerzos de cualquier gobierno.
Hasta
hace poco la relación entre el mundo empresarial y los derechos humanos
era
algo tangencial, pero hoy día todos estamos de acuerdo ñeque dada la
importancia
de las empresas como actores fundamentales en la vida económica y
social
de nuestras sociedades, no pueden ser ajenas a la construcción de un destino
común,
de ahí que Naciones Unidas haya dado forma a toda una normativa de
derechos
humanos que refleja la existencia de una clara conciencia de la
responsabilidad
social empresarial. Sólo se garantiza la gobernabilidad y el buen
gobierno
en una economía sana actuando sin fraude ni corrupción y con un
adecuado
nivel de respeto de los derechos humanos.
Lo
que hoy planteamos con decisión es el nuevo paradigma de la empresa en el
respeto
a las estructuras mínimas internacionales de derechos humanos, las
empresas
no sólo no deben quebrantar esos estándares sino que deben renunciar a
obtener
cualquier ventaja o ganancia aprovechándose o cualquier violación de los
derechos
humanos, deben por tanto regular su funcionamiento interno y sus
negociaciones
con terceros en concordancia con aquellas normas y establecer
mecanismos
de monitoreo y buenas prácticas y estas normas o reglas deben regir
por
igual cualquiera que sea el sector público o privado del que se trate. De
nuevo
aquí
los tribunales tienen un papel fundamental.
En
conclusión y en función del nuevo rol y poder que el sector empresarial ha
adquirido
en un mundo económicamente globalizado en el que inciden directamente
en
el curso de los acontecimientos nacionales e internacionales y en la adopción
de
políticas
públicas de los Estados con clara influencia en las condiciones de vida de
las
personas, también deben cumplir una serie de obligaciones que les fuercen a
dar
todo
aquello que se necesita y en especial cuentas ante la comunidad.
La
transparencia en la gestión se convierte en un elemento de producción más
que
va a ser controlado por una sociedad civil cada vez más informada y exigente,
ser
asociada como empresa a la violación de derechos humanos, aparte de las
responsabilidades
penales que pudieran derivarse, determinas su deslegitimación y
su
caída en relación con los ciudadanos y consumidores.
Insisto,
el carácter universal de los derechos y el proceso de globalización
económica,
si se quiere que éste no sea insensible y desaforado, lo cual hoy día
resulta
inaceptable, implica que la empresa sea llamada a respetar todos y cada uno
de
los estándares internacionales de derechos humanos y en su área de
influencia y
en
la praxis diaria. El bienestar y la libertad de todas las personas tienen el
mismo
valor
y por tanto deben estar igualmente protegidos.
Por
lo demás, las sanciones por incumplimiento deben ser contundentes y
exigibles
a nivel nacional e internacional.
Hoy
día la opción no puede ser sólo la de existencia de códigos de conducta o
incluso
la de adopción de una política corporativa sobre derechos humanos, sino que
las
empresas deben poner en marcha los mecanismos, metodologías y sistemas
internos
y externos de evaluación precisos, es decir, la responsabilidad social
corporativa
y la política de derechos humanos pasa definitivamente a integrarse en la
estrategia
global de la empresa, ello supone implementar esta política mediante la
atención
personal a la misma, renunciando por ejemplo a inversiones en lugares y
países
en los que se violen los derechos humanos, o retirando inversiones de países
de
riesgo en términos de derechos humanos. Esta nueva política debe de asumirse
como
un requisito sine
qua non para
poder hablar de empresa y de negocios
responsables,
y el liderazgo empresarial del siglo XXI así lo impone, precisará de una
capacidad
constante de adaptación, incluso de anticipación, que le permite elaborar
un
diagnóstico acertado de la política de derechos humanos para que redunde
también
en beneficio de la propia empresa y de la sociedad con la que tiene que
interactuar.
Hablamos
de derechos de los trabajadores y entre estos derechos permítanme
que
haga una referencia breve al derecho a la seguridad social de los mismos. Los
millones
de trabajadores y campesinos de América Latina que sufren por falta de
cobertura,
por escasa cobertura contra los riesgos sociales es uno de los capítulos
pendientes
en la región. Sólo el 20% de la población mundial se beneficia de una
protección
social adecuada y más de la mitad no está amparada por ningún régimen
de
protección, incumpliéndose con ello la Declaración Universal de los
Derechos del
Hombre
de 1948, que proclama que toda persona como miembro de una sociedad
tiene
derecho a la seguridad social.
A
escala mundial, como dice Manuel Reinar, los sistemas de protección social de
los
países industrializados hacen frente a un doble reto, brindar una protección
adecuada
en un contexto de mayor incertidumbre en el mercado laboral y luchar
contra
la pobreza y la exclusión social para evitar los procesos de marginación o
de
desafiliación
de una parte de la población. Esto significa por una parte concebir unas
formas
de protección adaptadas a la creciente movilidad de los trabajadores, y por
otra
combinar políticas de inclusión social y dispositivas que garanticen los
ingresos
mínimos.
La
magnitud de las necesidades y la debilidad de los regímenes de protección de
los
países en desarrollo inducen a ampliar el concepto de seguridad social para
abarcar
las necesidades básicas, como el acceso a la alimentación y el agua, a la
atención,
a la salud, la vivienda o la educación. En esta línea las llamadas
iniciativas
comunitarias
no deben fragilizar los regímenes legales existentes ni organizar
sistemas
paralelos de solidaridad para los pobres, sino que deben de integrarse en
una
política nacional coherente de extensión de la protección social con
carácter
general
y sin distinción en razón de la adscripción política.
El
problema se agrava con el hecho cierto de que la economía informal o
subterránea
representa casi las dos terceras partes del total del empleo no agrícola
en
los países en desarrollo y este es un tema al que de hecho se ha renunciado a
resolver.
Por
otra parte, el informe de la OIT, Organización Internacional del Trabajo de
octubre
de 2006, nos advierte que el desempleo juvenil global registra una tasa del
13,5%.
En una década ha aumentado en más de un 14% el número de jóvenes sin
empleo.
En América Latina y el Caribe la situación es más apremiante ya que el
índice
sube al 16,6%, doble de la tasa del desempleo general. Es un hecho muy
grave
y preocupante que el 13,3% de los jóvenes trabajadores de América Latina
vivan
por debajo de la línea de pobreza de un dólar diario. La carencia de un
empleo
decente
al comienzo de una vida puede comprometer seriamente las perspectivas de
empleo
que esa persona tiene para el futuro y determinar negativamente esto.
La
pobreza abarca, como decía al principio, a más de la mitad de todos los
trabajadores
del mundo, la necesidad de reducir la pobreza absoluta y disminuir la
brecha
del ingreso es aceptada como esencial desde un punto de vista moral, tanto
en
los países desarrollados como los que están en vías de desarrollo y para
combatir
la
inestabilidad social, económica y política se necesitan, como dice Octavio
Paz,
soluciones
universales, no aisladas o locales, el esfuerzo por tanto tiene que ser
común
y coordinado.
La
creación de empleo decente debe ser uno de los puntos prioritarios de la
formulación
de políticas sociales, ello promocionará el crecimiento económico y
estimulará
la inversión y la incentiva empresarial, el desarrollo de competencias,
normas
laborales apropiadas y modos de vida sostenibles, en palabras del Director
General
de la OIT, Juan Somabía.
Asimismo,
la creación de empresas es clave para promover y extender el
desarrollo
local y los mercados locales a través de pequeñas iniciativas
empresariales
y para ello es vital garantizar la adecuada preparación y adquisición
de
conocimientos entre los jóvenes para poder iniciar con solvencia su vida
laboral.
Resulta
así mismo básico respetar y promover los derechos fundamentales en el
trabajo,
tales como la libertad de asociación, sindicación, la eliminación del
trabajo
forzoso,
el trabajo infantil y la discriminación laboral, ello redundará en una
efectiva
garantía
para las nuevas inversiones y la estabilidad en el lugar de trabajo y la
productividad.
Garantizar un adecuado sistema de protección social y un aceptable
funcionamiento
de las instituciones y sistemas que fortalezcan la gobernabilidad del
mercado
laboral, propiciando el diálogo social entre organizaciones fuertes de
empleadores
y empleados, viabilizará la productividad y la construcción de
sociedades
coherentes.
En
esta política deben de implicarse todas y cada una de las organizaciones
multilaterales,
políticas y económicas, para evitar el desastre de un crecimiento
desaforado
e irracional, que tan sólo redundará en hacer más grandes las
desigualdades
y favorecerá a los que postulan y defienden posturas intervencionistas
excluyentes.
Por
último, eliminar el trabajo infantil y el trabajo forzoso deben ser objetivos
prioritarios
de cualquier gobierno y del tejido empresarial. En América Latina 1.3
millones
de personas son víctimas del trabajo forzoso y ello supone el 10% de la cifra
mundial.
El ejemplo de Brasil en la lucha contra estas formas de trabajo es loable y
debería
seguirse por otros países, en este combate el compromiso de la sociedad
civil
resulta fundamental, pero también el de empleadores y trabajadores
ordinarios.
La
contundencia de las sanciones debe ser así mismo ejemplar. En este campo no
se
puede ser transigente contra la impunidad, pero la lucha contra ésta, contra
la
impunidad,
no debe ceñirse sólo a este campo, debe extenderse a todas las áreas
que
perturban la seguridad diaria de los ciudadanos.
Si
una conciencia jurídica legítima conlleva a un nivel de exigencia ética
creciente,
debemos
concluir que ante la eventual pasividad de la justicia en un lugar concreto,
la
práctica de una justicia universal válida puede y debe eliminar toda sombra
de
impunidad
allá donde se produzca y conseguir que su aplicación ennoblezca cada
vez
más la dignidad del ser humano.
La
presencia de un derecho común, universalmente compartido, plasmado en el
principio
de justicia penal universal, debe significar la lucha sin descanso por la
libertad
y la dignidad del hombre, y la mejor garantía frente a cualquier ataque que
la
sociedad
sufra. La percepción de que no existen fronteras para la lucha contra la
impunidad
contribuye a dar una mayor seguridad a los ciudadanos y a que
desaparezcan
los Guantánamos del mundo.
El
compromiso responsable de los jueces y del Ministerio Público en la
persecución
a la violencia de género, el narcotráfico, las pequeñas y grandes
corrupciones,
las extorsiones fuera y dentro de las instituciones es lo que dará
credibilidad
a la justicia y es lo que definirá realmente el alma de un pueblo. La
inercia
y la indiferencia frente a estos fenómenos no es una opción, el no es un
problema
mío, el yo no puedo hacer nada son palabras y actitudes que deben de
estar
fuera del lenguaje de los poderes públicos y en especial de aquellos que
administramos
justicia.
Permítanme
queridos amigos, que vaya concluyendo con una breve referencia a
aquellos
valores que junto con la justicia integran el núcleo básico de una
democracia,
cuales son la libertad, la tolerancia, la paz o la cultura. A veces pienso
que
parte de nuestras sociedades, merced a esa cultura de la apariencia y de la
virtualidad,
es una sociedad epidérmica, superficial, que tiene miedo a profundizarse
en
sí misma ante el riesgo de encontrarse con su propia imagen pero con un
perfil
real
en solidario que desprecia al otro o se desentiende de los problemas de
aquellos
que
viven junto a nosotros o en la parte opuesta del mundo.
La
indiferencia por los perseguidos, por las víctimas, sobre todo si ésta es
institucional,
es el cáncer de una democracia y es lo que hizo posible que regímenes
como
el régimen nazi acabara con millones de vidas. El problema no es del otro
sino
nuestro.
El riesgo es evidente, una sociedad así diseñada constituye una especie de
sociedad
simulada que prescinde de los valores básicos de la democracia,
escorándose
hacia el narcisismo étnico, la intolerancia o la xenofobia.
En
este punto, las palabras de Voltaire a través de los siglos, son
dramáticamente
certeras:
el
mejor modo de fundamentar la tolerancia es luchar contra la intolerancia.
Si
en Inglaterra, añadía, hubiese
una religión podríamos tener al despotismo, si
hubiese
dos se cortarían las cabezas los unos a los otros, pero hay 30 y viven en
paz.
El
espíritu democrático se ha ido tejiendo de forma lenta pero incontenible
desde
todos
los frentes de la inteligencia humana y siguiendo la estela de John Lock en su
carta
sobre la tolerancia en el ya lejano 1689, debemos defender el derecho de
resistencia
y de rebelión ante situaciones extremas de abuso de poder, huyendo de
la
sumisión que impone la obediencia oficializada y proclamando la necesidad de
enarbolar
la bandera de la libertad por encima del jergón de la sumisión, como decía
Etienne
de La Botié en
su discurso sobre la servidumbre voluntaria allá por el siglo
XVI.
Los
adictos a la intolerancia no tienen más argumentos que la cobardía y la
violencia.
Borges nos recuerda la historia del caballero a quien en medio de una
discusión
teológica o literaria, su contrincante arrojó a la cara un vaso de vino, sin
inmutarse
el agredido replicó: Esto
señor, es una disgresión, ahora espero su
argumento.
Los
defensores de la intolerancia actúan como ese agresor y carecen de
argumentos,
no dejan lugar a la razón común y con su acción quieren borrar al
contrincante
si es un adversario o aniquilarlo si es un enemigo. Los intolerantes no
duda,
descienden por línea directa del autoritarismo que siempre se reviste de una
especie
de verdad inmutable, cargados de consignas son disciplinados y sumisos,
tergiversan
la realidad y la historia a las que nacionalizan y finalmente se inmolan o
matan
por sus posiciones trascendentes, que únicamente existen en el hueco de su
cabeza.
El oficial en la Colonia Penitenciaria de Kafka,
es
un adicto a la intolerancia,
preocupado
únicamente por la eficacia de su máquina de matar confunde la justicia
con
la necesidad de las víctimas, por eso ni en sueño reciben los intolerantes
la visita
de
la duda.
La
ideología de la intolerancia localista, tribal, fascinada melancólicamente
por lo
irracional
y lo mítico, se asienta preferentemente en viejos bastidores doctrinales,
dogmas
y ortodoxias a granel, donde la crítica es imposible y a veces se adereza con
un
supuesto izquierdismo, como mero adhesivo oportunista que busca presentar lo
viejo
como moderno y camuflar la persecución política y la depuración ideológica
desde
un fanatismo totalitario.
Para
los intolerantes la culpa siempre es del otro, a través de esta gimnasia
sombría
se liberan de sus propios fantasmas, lo que les permite seguir viviendo en
los
parajes de la ficción y del delirio, los intolerantes crean su propio entorno
social,
cultural
y efectivo, se movilizan y se encuadran para facilitar aliento popular a sus
activistas
y simpatizantes, se esfuerzan en captar militantes tristemente esmaltados
con
siniestros y horrendas agresiones como único motín de guerra, así se cierra
una
especie
de círculo infernal de este juego escalofriante diseñado para un obsceno
destino
por los santones de cualquier fundamentalismo, que es la expresión
patológica
del desequilibrio y de la quiebra del universo.
Los
fundamentalistas rechazan la hermenéutica, el pluralismo y el relativismo y
sólo
afirman desde una turbia complicidad el miserable reinado de la exclusión,
cuando
el disenso está amordazado, la tortura, el asesinato, la censura, la
extorsión,
la
amenaza, la corrupción, han sido herramientas favoritas a través de la
historia de
los
intolerantes que pretenden evitar cualquier opinión divergente y si ésta
surge
silenciarla
o denostarla inmediatamente.
Ante
esta pequeña corte de testigos que hoy nos reunimos aquí, me parece
oportuno
traer también a colación las palabras de Elías Canetti, que en su masa y
poder
ha contribuido decisivamente a poner de relieve el carácter atávico y
transindividual
de las actitudes intolerantes, ligadas siempre a los reflejos de la
supervivencia
que rigen las psicologías del poder.
El
filósofo británico Jonathan
Glober denuncia
el carácter criminal de la
intolerancia
política y cultural , la conclusión de Glober
tras
el repaso a tanta
ignominia
de tal exceso de barbarie, es un tanto desalentadora para la especie
humana,
los hombres no han aprendido, no hemos aprendido a respetarnos los unos
a
los otros, persiste una especie de orgullo guerrero que fomenta la
eliminación de
aquellos
que han sido calificados de enemigos, confiesa Glober
que
la antipatía
hacia
las diferencias combinada con un aberrante tribalismo, son constantes y casi
inextirpables
de la psicología del intolerante. Sin embargo, hija legítima de la
tolerancia
es la libertad que se abrocha irrefutablemente con la paz, una paz
democrática
incardinada en el derecho y en la justicia, la libertad, como afirma Don
Manuel
Azaña,
Presidente de la Segunda República Española, no hace felices a los
hombres,
los hace sencillamente hombres.
Ahora,
que el concepto de seguridad pugna por sofocar y neutralizar al concepto
de
libertad, es preciso volver a cantar la gloria constitutiva de la libertad
humana
como
la única empresa y aventura irrenunciables, frente a la injusticia y a la
infamia,
sólo
cabe una pedagogía de la indignación activa cimentada en la libertad.
Frente
al curso fatal y siniestro de los acontecimientos, sólo cabe una oposición
firme
que ponga a prueba desde la libertad, nuestra capacidad para cambiar el ritmo
de
la historia, frente a la trinchera que destila odio y segrega venganza, sólo
cabe el
ejercicio
de una libertad que desde el coraje y la convicción ética, interpele y
desafíe
la
mezquina gloria de los intolerantes y que cubra de garantías a quienes
ninguna
respeta.
Karl
Popper lo
afirmó sin rodeos, sólo la libertad parece hacer segura a la
seguridad
y entre ambas cubren todo el espectro garantista que pueda exigirse, pero
a
la vez contiene su excusa. La única paz posible y verdadera es una paz justa,
libre
y
democrática, demos por ello validez actual a las palabras del Padre Juan de
Mariana,
que también en el ya lejano siglo XVI decía: Bueno
es el nombre de la paz,
sus
frutos gustosos y saludables, pero advertir que bajo el color de la paz no nos
hagamos
esclavos, a la paz acompaña el respeto y la libertad, la servidumbre es el
mayor
de os males y se debe rechazar con toda cuidado con las armas y la vida si
fuere
necesario.
Hoy
es un buen día para cimentar la lucha por la libertad y la justicia y es que
sólo
en
libertad la justicia da vida y muestra cómo debe lucharse para que éstas
adquieran
sentido. El destino no está trazado en las estrellas, lo formamos nosotros
día
a día, ni tristezas ni olvido., ni impunidad ni justificación, es preciso
vencer el
miedo
y hacerle frente en cualquier esquina con la mano abierta y el corazón
entero.
Queridos
amigos y amigas, el mundo que hoy vivimos es una inmensa cartografía
de
diferencias, sólo, insisto de nuevo, la tolerancia puede cambiar el mundo,
cuanto
más
amplio es el marco de intercambio cultural, más aprenderemos los unos de los
otros,
habitamos un mundo más plural y variado que nunca, la globalización no
puede
acabar con las culturas del mundo, sólo puede añadir una más. La base de
esta
cultura global tendrá que ser el pluralismo, porque es el único valor capaz
de
abarcar
a todos los demás para conducirnos a una unidad diversa, de cómo
construyamos
esto dependerá nuestro futuro como género humano y nuestras
posibilidades
como parte del universo.
La
cultura nos provee de referentes éticos y como decía Borges, yo preferiría
pensar
que a pesar de tanto horror, hay un fin ético en el universo , que el
universo
responde
al bien y en ese argumento pongo mis esperanzas y es por ello que frente
a
los intolerantes que siembran semillas de odio, frente a los que ejercen el
poder y
permite
o auspicia que se mate o que el miedo se apodere de una humanidad
secuestrada
y frente a los que confunden religión frente a fundamentalismos
fanáticos,
la única vía, insisto, es, ahora más que nunca, recuperar las exigencias de
una
ética de la convicción junto con una ética de la responsabilidad, es
ejercer la
valentía
civil que antepone el valor de la verdad a cualquier conveniencia pragmática
y
utilitarista. Es exigir la compatibilidad entre el pluralismo de opciones que
diseñe el
horizonte
de nuestro futuro democrático lejos de la neutralidad valorativa de la que
nos
hablaba Max Beuvert. Una democracia sin valores, inmersa en la incertidumbre o
en
la contingencia política oportunista tiende a convertirse en un totalitarismo
visible
o
latente y olvida lo que Torqueville advertía acerca de que el fundamento de
la
sociedad
democrática estriba en el estado moral de un pueblo. Aprendamos del
Libertador
Simón Bolívar cuando en la carta al Teniente Coronel español Francisco
Doña
el 27 de agosto de 1820 le decía: “El hombre de honor no tiene más patria
que
aquella
en la que se protegen los derechos de los ciudadanos y se respeta el
carácter
sagrado de la humanidad”; o cuando en su carta al General Santander el 30
de
octubre de 1823 le dijo: “En moral como en política hay reglas que no se
pueden
traspasar
pues su violación suele costar caro”.
Público:
Libertad de expresión, libertad de expresión, libertad de expresión.
Presentador:
Bueno, estos son los periodistas. Magnífica la presentación. La
verdad
es que …
B.
Garzón:
¿No fue muy larga?
Presentador:
No, no, perfecta, perfecta. Agradecemos al Magistrado Baltasar
Garzón
por esta profunda reflexión en lo que ha sido su ponencia que da punto final
a
este Congreso Internacional de Conindustria. Tenemos a continuación la
sesión de
preguntas
y respuestas que serán atendidas por el Presidente de Conindustria el Dr.
Eduardo
Gómez Cigala en su condición de moderador.
Eduardo
Gómez Sigala:
Bueno, primero que nada quiero agradecer al
Magistrado
Baltasar Garzón por esta extraordinaria conferencia. Sus aplausos
reflejan
las expectativas que por su presentación teníamos, pero sin embargo pues
tenemos
muchas preguntas que vamos a proceder a presentar.
Durante
este acto hay algunas personas que nos han planteado su interés en
presentar
algunos documentos y lo vamos a hacer al final de las preguntas así
mismo
como los periodistas que acaban de entregarle un documento al magistrado.
Vamos
a iniciar las preguntas para el doctor Garzón.
Preguntas,
respuestas, comentarios
P/:
¿Cuándo
el poder judicial está secuestrado o actúa en contra de la ética y
justicia,
qué puede o cómo debe actuar la sociedad civil para restituir la justicia?
R/:
Bien,
es el problema de teorizar ahí en el podium que después tiene uno que
concretar
en la mesa. Realmente cualquier país vive o puede vivir fases en las que el
poder
judicial no responde a lo que las propias normas constitucionales y legales
dicen
y eso se le puede llamar estar secuestrado o no ser independiente o no ser
imparcial,
etc. Pues la sociedad civil lo que tiene que hacer, la sociedad en general lo
que
tiene que hacer es exigir que esa independencia se produzca, que esas leyes
cambien.
Y la única forma que hay en democracia de conseguir que las cosas
cambien
es a través de las elecciones y a través del pronunciamiento electoral. Pero
una
vez que eso se ha producido hay que exigir a las instituciones que cada una
cumpla
el papel que le corresponde y que debe de hacer. Yo sé que afirmar eso
puede
parecer una paradoja porque la pregunta inmediata a continuación es: ¿Y
cuando
no se pueda hacer esto? Bueno, siempre se pueden hacer, siempre se
pueden
iniciar los movimientos necesarios para que las cosas cambien. Si el mundo
es
algo es una realidad en permanente evolución, cambio constante y la historia
de
la
humanidad lo ha reflejado.
Nosotros
en España vivimos una situación similar cuando, no olviden ustedes o no
olvidéis,
que España vivió una dictadura de 40 años; una dictadura de 40 durísima
que
controlaba absolutamente todo y en forma permanente y entre otros al poder
judicial
también, y hay que decirlo en honor de ello y hay que decirlo en honor a los
jueces
que fueron mis maestros y que desplegaron su acción durante y después,
aunque
hubo excepciones, dieron la talla que exigía el momento histórico para
reivindicar
su independencia. Hay muchas veces que, además de lo que se puede y
se
debe exigir, son los propios jueces los que tienen que hacer algo. No vale con
decir
“que me protejan de las agresiones”. Hay que protegerse uno a sí mismo.
Hay
que
tener una preparación científica, correcta y, si cabe, mucho más amplia que
cualquiera
de los que estén frente a ti porque así te harás más fuerte frente a
aquellos
que traten de imponerte un criterio o coaccionar o presionar.
Todos
hemos tenido en algún momento – me refiero a todos los que nos movemos
en
el ámbito de la justicia – en algún momento hemos tenido dificultades por
presión,
por
coacciones, por múltiples razones que sería largo enumerar. La diferencia
está
entre
el juez que se resiste a ellas y el juez que no se resiste a ellas y frente a
eso no
hay
ninguna norma, no hay ningún antídoto, el antídoto está en cada uno de
esos
jueces
que sepa lo que es ser juez. Yo lo tengo muy claro: puedo acertar o me puedo
equivocar,
pero desde luego no estaría ni dos minutos ni un minuto más como decía
en
la conferencia, en la presentación, si tomara una decisión que no es acorde
con la
ley
o que estimo que es injusta. No hay recetas. En España cuando vino la
democracia
y después de una transición ejemplar, complicada e interesante se
produjo
un movimiento dentro de los que iniciábamos en ese momento – yo comencé
mi
andadura judicial en 1980 – y sin que nadie nos pusiera de acuerdo
comenzamos
cada
uno en los lugares donde estábamos y a luchar frontalmente contra las
corruptelas,
corrupciones, contra el tráfico de dinero en los juzgados, con las coimas,
las
mordidas, y se produjo en un período de seis, siete años un cambio absoluto.
Después
pasó lo mismo con la corrupción. Se combatió y no hubo ninguna consigna
y
se consiguió que las leyes se acomodaran, que las instituciones públicas
funcionaran
y también se abordó la propia corrupción del Poder Judicial. Es decir,
había
la sensación y la convicción de que se podía hacer. Y esa tiene que surgir
en
el
propio poder judicial y luego todo lo demás.
R/:
Lo
cual quiere decir que no me extienda tanto ¿no?
Moderador:
Son relacionadas, así que voy a leerlas todas. Cuando el Poder
Judicial
está secuestrado, o actúa en contra de la ética y justicia ¿qué puede, o
cómo
debe
actuar la sociedad civil para restituir la justicia?
Baltasar
Garzón:
Esa ya está.
P/:
¿Qué
puede o debe haber un ciudadano común para que se imparta justicia de
manera
razonable cuando el Poder Judicial despacha según lineamientos recibidos
de
otros poderes, en especial el Ejecutivo? En un país donde la justicia está
controlada
por el Gobierno, todas las dependencias como la Defensoría del Pueblo y
la
Contraloría del Pueblo, están sometidas a la intolerancia del Gobierno en
abierta
¿qué
puede hacer la sociedad? ¿Qué deben hacer los ciudadanos o las empresas
cuando
observan o comprueban que el Poder Judicial no es independiente? ¿Qué
podemos
hacer ahora cuando el Presidente de la República tiene secuestrados todos
los
poderes, la Corte Suprema, la Fiscalía, la Contraloría, la Asamblea
Nacional, el
Consejo
Nacional Electoral? ¿Cómo debe luchar el sector privado ante la evidente
penetración
de mafias en la economía, aplicando prácticas terroristas para lograr sus
objetivos?
R/:
Bien.
El bloque de preguntas, primero, van todas en la misma línea argumental
que
trataba de esbozar la respuesta de la primera. En cuánto a que hacer, pues
vuelvo
a reiterarme en lo que anteriormente he dicho. El control político de la
justicia
y
de las instituciones es una tentación permanente, históricamente invariable,
en
todas
y cada una de las sociedades. Es decir, los gobernantes políticos tienen una
especial
predilección porque no haya controles, porque nadie les perturbe. Incluso
los
más democráticos les fastidia bastante cuando la justicia se aproxima a los
primeros
peldaños del poder. Ahí ya les entra un salpullido y entonces ahí bueno,
pues
la justicia se está politizando. Ya se meten donde no le corresponde.
Quiénes
son
estos que no han sido elegidos, que no han sido elegidos democráticamente.
Los
jueces son el único poder no legítimo que hay en una democracia. Y no se
piensen
ustedes que me estoy refiriendo a Venezuela. Esas expresiones se han
dicho
en España. En la España democrática me refiero. Es decir, siempre hay como
una
especie de confrontación teórica y real entre el poder político,
entendiendo por
tal
el sentido amplio, el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder
Judicial,
cuando
actúa aproximándose en ese labor de equilibrio y de control que le confiere
la
Constitución,
todas las constituciones, hacia los dominios de esos dos poderes.
Pero
eso es bueno que sea así. Es decir, la fricción entre poderes es algo que
puede
consolidar, y debe consolidar, la democracia. También es verdad que puede
hacer
saltar esa institucionalidad. Pero lo que tenemos que conseguir es que el
Poder
Judicial asuma y perciba esa representación fundamental que tiene en el
equilibrio
de las instituciones y que asuma que no es un poder servil de los otros. Es
decir,
que no depende del Poder Político, sino que está para servir y defender a
los
ciudadanos.
No me pregunten cómo se consigue esto, pero es que es la única
solución.
Es decir, lo mismo que hay una persona que cuando pasa alguien que tiene
poder
se levanta y se quita el sombrero, o la gorra, y le saluda, y hay otra que se
queda
sentada porque considera que no tiene por qué hacer ese saludo, pues aquí
ocurre
lo mismo. El decir, mire usted, hay jueces que saben, a pesar de las
adversidades,
cuál es el papel que tiene. Hay jueces que en países como Italia, o en
países
como Colombia, en países como España, que saben lo que se juegan y han
sido
asesinados por organizaciones terroristas, organizaciones mafiosas, o de
narcotraficantes,
y sin embargo no han cedido. Hay otros que sí han cedido.
Entonces
¿dónde está la medida de uno y de otro? La medida de uno y de otro
está
en asumir los valores democráticos que la justicia representa en defensa de
los
ciudadanos,
y en saber que el juez está para defender los derechos de los
ciudadanos,
y no los derechos de los que ejercen el Poder Político. Que también son
ciudadanos,
y por tanto deben de verse sometidos a la igualdad, al principio de
igualdad,
y al imperio de la Ley.
Yo,
en cuanto a la lucha del sector privado, para conseguir que se restablezcan
las
libertades y el proceso judicial, la independencia de la justicia, bueno, yo
creo que
entra
dentro de lo que es la parte de la sociedad. El sector privado empresarial,
entiendo,
la iniciativa privada tiene un papel fundamental. Yo hacía referencia de
pasada,
porque no se podía profundizar en todos los aspectos, en mi presentación,
en
el compromiso que el sector privado tiene que tener por ejemplo en la lucha
contra
la corrupción. La introducción de las técnicas de buen gobierno, la
introducción
de los códigos éticos y de buenas prácticas, es fundamental. Es decir,
hay
que superar, hay que superar, esa visión que en muchas sociedades existe, de
que
hay que ser condescendientes con la corrupción. Con el sector por ejemplo de
cuerpos
y fuerzas de seguridad del Estado, con el sector judicial, con otros sectores
de
las instituciones, en muchos países en que debido a los escasos sueldos, los
escasos
salarios y otras razones, hay una especie de cáncer con metástasis
permanente,
que es el de la corrupción. Y sin embargo, todo el mundo lo acepta y lo
asume
como que es algo normal. Y si a alguien se le pregunta, lo que fastidia, lo
que
molesta,
no es que haya corrupción, sino que no se haga bien para que no te pillen.
O
sea, es de locos ¿no?
Es
decir, yo me acuerdo en la primera época de los años 90 en España, cuando
empezaron
a estallar escándalos de corrupción, en unos sitios, en otros, y demás, la
gente
decía “Pero qué torpe. Qué torpe es este. Cómo. Qué mal lo ha hecho que
lo
han
pillado”. Yo me acuerdo del Director General de la Guardia Civil, Roldán,
que
está
cumpliendo pena todavía, que bueno, que cometió una serie de hechos
bastante
desgraciados y delictivos, que desgraciados absolutamente delictivos, que
se
llevó el dinero, en definitiva, y cuando se le juzgaba y se le investigaba
después
de
haber huido, etc., decían “Pero mira que era torpe. Oye. Qué burdo que
era.
Cómo
hacía las cosas. Si lo hubiera hecho de otra manera”. O sea, fastidiaba que
fuera
tonto, no que fuera ladrón ¿eh? Entonces esa mentalidad es la que hay
cambiar
en ese sentido, y empezar, es lo mismo que cuando te llegan y te dicen
“¿Con
IVA o sin IVA?” Oiga usted ¿y a mí por qué me tiene que decir si me va a
hacer
una reparación en mi casa, con IVA o sin IVA? Usted cóbreme lo que me tenga
que
cobrar. Póngame menos precio o más precio, pero no me diga con IVA o sin IVA
porque
ya me está provocando a que cometa un delito y bueno, algunos dirán “Pues
bueno,
pues venga, sin IVA, venga, vale”. Pues no. Entonces es toda una cultura. Es
una
cultura que lleva tiempo. Es una cultura que debe de exigirse con
comportamientos
que comienzan desde la base. No se hacen de la noche a la
mañana.
Eso es evidente. Como no se va a conseguir la independencia del Poder
Judicial,
ni se va a conseguir el pleno empleo, ni se va a conseguir la Seguridad
Social
para todos y cada uno de los posibles trabajadores que haya. Pero hay que ir
trabando,
vertebrando, una base en la que la institucionalidad, el sector público, sea
como
decía, el espejo en el que se reflejan las buenas conductas y no al
contrario,
en
el que el sector privado lo haga así mismo. Y bueno, encadenando, encadenando
acciones
y actividades.
P/:
¿Acaso
los políticos, perdón, acaso las políticas de retiro de inversiones por
parte
de las empresas y corporaciones hacia zonas y países donde se violan o están
en
riesgo los Derechos Humanos no simplifica las cosas para los responsables de
esas
violaciones? Y así como existe la tendencia de no permitir que empresas
inviertan
en países donde se violan los derechos…
R/:
Ya
va. Ya va. Voy a contestar la primera, que es muy larga.
Moderador:
Es lo mismo. La otra lo que dice es que aquellos países donde se
aplican
estas mismas políticas de violaciones, no se debería también los gobiernos
romper
relaciones diplomáticas o comerciales con esos países.
R/:
Bueno. Yo no soy, como no soy diplomático ni soy político, aunque
transitoriamente
lo fui, con mal recuerdo por cierto, yo no sé si el extremo sería
romper
unas relaciones diplomáticas. Es decir, probablemente algún diplomático me
podría
decir “Mire, es que si estamos allí podemos saber, podemos tratar de
paliar,
podemos
conseguir que se dulcifique, etc.”. Es posible en casos especialmente
graves
supongo que un sistema que bajo una dictadura o bajo una violación
sistemática
de derechos humanos es difícil estar con una representación diplomática
asistiendo
a los actos oficiales saludando y poniendo buena cara, supongo que no es
nada
sencillo.
Lo
que trataba de decir y que además no es nada original por mi parte sino que
es
la
normativa de Naciones Unidas y el código ético de Naciones Unidas para las
buenas
prácticas de las empresas y que cada vez más se está imponiendo es que
dado
el entrecruzamiento que hay de los temas económicos, sociales, empresariales
y
la globalización de esas relaciones empresariales con empresas
transnacionales
no
se puede contribuir de alguna forma al desarrollo o progresión de violaciones
de
los
derechos humanos que de una u otra forma tienen relación con esas
inversiones.
Por
ejemplo, es difícilmente asumible que se puedan estar comprando zapatillas de
deporte
o prendas de deporte en la quinta avenida de Nueva York cuando se están
fabricando
en Singapur, en India o en Tailandia con trabajo infantil o casi con
esclavitud
de niñas de 13, 14 y 15 años, eso hoy día éticamente es inaceptable y
legalmente
es perseguible.
No
se puede aceptar que en zonas de violaciones sistemáticas de derechos
humanos
que incluso han llegado a genocidios como por ejemplo la zona del centro
de
África se esté comerciando con las materias primas que directa o
indirectamente
han
producido esas situaciones. Por ejemplo, hace unos años, en el año 2004
Naciones
Unidas hizo público un documento, un informe en el que 30 empresas de
occidente
y algunas de países importantes, debo recordar que algunas de ellas de
Canadá,
había estado haciendo una serie de contratos y explotación con materias
primas
como en Uganda a través de el coltam,
les cuento a ustedes para los que no
sepan
lo que es el coltam,
es el mineral, es el material sin el cual los teléfonos
celulares
no funcionan, no sé si deberíamos haber descubierto el coltam
o
no porque
los
teléfonos celulares es como una cruz en las conferencias, te desconcentran,
siempre
hay alguno que suena.
Uganda
era puesta como ejemplo de país que había conseguido anular su propia
deuda
externa a través de las explotaciones y las exportaciones de coltam,
por eso
estaba
muy bien, pero ¿sabéis cuál era el problema? Que Uganda no tiene ni una
sola
mina de coltam,
todas estaban en el Congo y en el Congo había genocidio, eran
o
habían estado relacionadas con el desarrollo de crímenes de lesa humanidad y
así
sucesivamente.
Por tanto, no se puede argumentar y decir, si se hace es peor, puede
ser
peor pero si se hace también es peor, por tanto lo que hay que hacer es
establecer
unos mecanismos internacionales que tienen que ser asumidos y
cumplidos
por todas y cada una de las empresas y que no haya ninguna excepción
en
ese tipo de normas que afectan a valores básicos.
Por
ejemplo, es necesario tipificar de una vez por todas como delito el pago de
sobornos
de empresas internacionales cuando esos sobornos se pagan en los
países
donde se produce el desarrollo de la acción. Hay que tipificarlo como delito,
no
porque se pague en Singapur, en España no va a ser delito el pago de un
soborno
ante una compañía que ha pagado en Singapur pero desarrolla su actividad
en
España y no piensen que en España esto era así antes, ahora sí desde hace
unos
años ya se introdujo ese precepto en el código penal, son ejemplos de lo que
hay
que hacer desde las buenas prácticas pero que deberían de generalizarse.
P/:
Dos
preguntas. ¿Existe realmente algún mecanismo o proceso internacional
que
nos ayude a reconstruir el marco institucional? El carácter universal del
derecho
¿cómo
se aplica a gobiernos que conculcan los derechos de sus ciudadanos?
R/:
Miren,
alguna vez lo he dicho cuando me han dicho alguna pregunta similar, lo
que
no hagan en Venezuela nadie lo va a hacer por ustedes, en el sentido que sea,
es
decir yo soy el menos indicado para decirle a todos ustedes y aquellos que me
vean,
si tienen tiempo y ganas, a través de los medios de comunicación lo que
tienen
que
hacer. Yo podría hablarles muy bien de España, de lo que se tiene que hacer
en
España.
Bueno, no está de sobra porque como tampoco tengo una responsabilidad
lo
puedo decir con el derecho a la libertad de expresión que tenemos los
ciudadanos
españoles
y que tienen ustedes aquí, pero dar consejos en casa ajena es jodido. De
verdad
que lo único que diría es, fortalecimiento de las instituciones,
fortalecimiento
de
la sociedad civil, participación de la sociedad civil en todas y cada una de
las
áreas
que le corresponde vertebrar una respuesta de la sociedad civil, superar la
indiferencia,
el problema no es del otro, en serio, el problema es nuestro y si no lo
solventamos
nosotros nadie nos va a venir a resolver.
Puede
ser que en un momento determinado, cuando los hechos sean delictivos,
cuando
sean de tal envergadura y fracasen todos los controles, que la comunidad
internacional
responda de algunas agresiones, para eso se creó la Corte Penal
Internacional
por ejemplo, o el Principio de Justicia Universal, o los tribunales
penales
internacionales ad hoc de la ex Yugoeslavia y Ruanda, por ejemplo, o de
Sierra
Leona, o de cualquier otro estados fallidos, o un tribunal internacional para
juzgar
a los asesinos de Rafib
Haribi,
no sé. Pero esas no son las soluciones, las
soluciones,
las que a mí se me preguntan supongo que son exactamente las otras,
es
decir las que se tienen que centrar y hacer aquí.
P/:
La
semana pasada los españoles celebraron junto a su rey los treinta años de
las
primeras elecciones libres celebradas después de la caída de Franco. España
ha
demostrado
al mundo la posibilidad de superar efectivamente las profundas
diferencias
ideológicas que ocasionaron una cruenta guerra civil, una férrea y
retrógrada
dictadura, ciertas pretensiones nacionalistas e incluso el flagelo de la
violencia
armada.
Para
construir un país moderno y próspero, ejemplo de instituciones, estados, de
progreso
económico y de visión de futuro ¿se necesita por estos lares vivir una
guerra
civil o unas cuantas décadas de dictadura para superar nuestras profundas
diferencias
y construir un país en el que quepan todos?
R/:
No,
no, no, en absoluto, y ojalá que no sea nunca así, es decir las guerras
nunca
son buenas, siempre son malas. No, no es esa la cuestión. Antes decía que
las
cosas no suceden por casualidad y que llevan su tiempo, es decir el índice de
libertades
que hoy tenemos en España no era el mismo que se tenía en los años 70,
ni
el mismo que se tuvo en la transición democrática, ni después el que
tuvimos en
los
años 90, es decir se han ido vertebrando poco a poco esas normas que dan, o
esos
cimientos que sirven de apoyo y de sustento al edificio común que hoy es
España.
Probablemente
si el que hubiese hecho la pregunta no fuera tan amante de
España,
o estuviese militando en España en un partido político, por ejemplo en el
Partido
Popular, habría dicho exactamente lo contrario. Lo digo, y no como crítica
sino
para contextualizar, es decir el discurso desde fuera es diferente al discurso
desde
dentro. Desde dentro, pues si uno abre un periódico en España, oye una radio
o
ve un programa político, os verá que las diferentes opciones, y en esta
opción la
opción
conservadora, os dirá: el gobierno está generando una serie de normas que
van
a romper España, una serie de estatutos de autonomía que están rompiendo lo
que
es la idea de la unidad de España, está haciendo concesiones a los
nacionalistas
que pueden suponer acabar con el espíritu de la transición, etc., etc., le
podría
estar enumerando. Los contrarios dicen: es una barbaridad porque esto es
una
invocación a la confrontación civil, vamos a acabar mal!
Bueno,
ya saben ustedes que los españoles hablamos mucho y somos trágicos,
por
eso existen esos escritores y esas figuras a lo largo de la historia de
España que
prácticamente
nos matamos a diario, pero después nos levantamos y nos decimos
buenos
días, es algo que se lleva.
España
sufrió la dictadura, efectivamente, gravísima, que tampoco fue idéntica en
cada
una de sus fases, luego una transición en la que no todos estuvimos de
acuerdo
y en aquel entonces estaba en la tierna edad de los años universitarios en
que
aparte de estudiar y trabajar echando gasolina en un surtidor, tenía tiempo
para
decirle
cosas gruesas a la policía y a las instituciones y era la confrontación, la
rebeldía,
la rebeldía que los que están en ese momento como estudiantes, como
jóvenes
profesionales tienen y deben desarrollar, porque en definitiva todo lo que
estamos
haciendo aquí es para ellos y si ellos no participan como se ha visto aquí
hace
un rato, reclamando una serie de derechos básicos, si no luchan por esos
derechos
que consideran que se están limitando, pues difícilmente alguien lo hará
por
ellos, eso es lo que ocurrió en la transición española.
Y
decía que yo en la transición española estuve en contra de cómo se hizo la
transición
y además ser más drásticos, nada de impunidad y justicia para todos.
Bueno,
los años me han ido reconvirtiendo en el sentido de que la justicia es
necesaria,
pero también hay formas de administrar justicia y compatibilizar esa
justicia
con otras formas distintas de dar solución a los problemas en los periodos de
transición.
Entonces, de ese desencuentro, que a su vez se convirtió en consenso,
se
pudo ir andando y todos tuvieron que ceder, todos, cada una de las opciones
tuvieron
que ceder. No se olviden ustedes que hubo un intento de golpe de Estado,
el
día 23 de febrero de 1981, estuvimos a punto de perder aquello que recién
habíamos
obtenido.
Yo
les cuento la anécdota de aquel día como yo la vivía, yo que procedo de una
familia
de clase media agrícola, mal trabajaban en el campo y demás, costó mucho
trabajo
a mis padres sacarme adelante, después de hacerles la vida bastante
imposible
por lo travieso que era, me fui al seminario, me decían que iba a durar tres
meses,
duré seis años, cosas de éstas y yo finalmente conseguí ser juez y llevaba
diez
días, el día 13 de febrero había tomado posesión en mi primer destino
Valverde
el
camino, Huelva, llegando a Portugal.
Cuando
salió por televisión que el Teniente Coronel Tejera había entrado en el
Congreso,
un espectáculo esperpéntico y tremendo, yo dije, bueno, diez días de
juez,
toda una vida de mis padres, mía y ahora diez días de juez, como estaba
recién
salido
tenía los conocimientos frescos ya de momento dije, ya está, grado de
Coronel
y
eso que no había hecho el ejército, grado de Coronel, aplicación de penas
de
muerte,
soy contrario por esencia a la pena de muerte, la frontera de Portugal está
ahí,
me tengo que ir. O sea, que hubo momento duros, muy duros, pero de esos
momentos
de dureza y de desencuentro, como digo, todos fuimos construyendo un
edificio
que aún hoy día se cuestiona, pero que tiene la suficiente solidez como para
permitir
que haya esas discrepancias, es decir, la sociedad democrática no tiene que
ser
encuentro permanente de opiniones comunes, sería un aburrimiento, lo que sí
tiene
que haber es el respeto en la diversidad y la ausencia de la intolerancia y
del
sectarismo,
el aceptar que la opinión del otro te puede ayudar a recomponer ese
edificio,
es un buen comienzo.
P/:
¿Usted
cree que Fidel Castro hubiera sido juzgado en un Tribunal Internacional
por
lesa humanidad, por los fusilamientos de los años 60? ¿No es el sistema
cubano
un
modo moderno de esclavitud? Esto es la remuneración a un tercero, el gobierno
por
la labor del trabajador en otros países asignados.
R/:
Yo
les voy a contar lo que yo he hecho y algunos dirán pues aquí no es el juez
campeador
que acabó con Pinochet, no. Pues miren, también se presentaron
denuncias
en mi juzgado contra Fidel Castro por crímenes de lesa humanidad y yo
rechacé
esa pretensión por dos veces. No voy a entrar porque me lo impide la ley
española
en opinar sobre temas que han estado o que están sometidos a mi
jurisdicción,
pero sí puedo decir que la razón por la cual el principio de justicia
universal
es un principio que debe de ser aceptado es porque tiene límites. La
igualdad
entre los Estados implica que ningún Estado pueda sobreponerse a otro, ni
las
instituciones de uno actuar en el territorio de otro. Cuando hay crímenes que
afectan
a la comunidad internacional ese principio se rompe porque está por encima
del
mismo de justicia penal universal. Pero con las limitaciones, una de ellas es
el de
la
inmunidad diplomática. Cualquier persona que tenga inmunidad diplomática no
puede
ser juzgada sino en su país o en un tribunal penal internacional que está
previsto
perfectamente y precisamente para esos casos. Yo no entro por tanto a
calificar
las conductas que pueden haberse cometido en otro país porque, insisto, no
me
corresponde hacerlo a mí. Hay ejemplos en la historia y hay mecanismos para
exigir
las responsabilidades de quien o de quienes hayan cometido y también la
historia
demuestra que normalmente eso no suele suceder. Por tanto, el principio de
justicia
penal universal también es una especie de la historia de una ilusión
desvanecida;
es decir, a veces actúa, a veces no porque la siguiente pregunta podría
ser:
“Y ¿usted cree que puede juzgar a Bush por crímenes de guerra en Irak?”
Mire
usted,
si dijera que sí estaría diciendo a lo mejor una aspiración de algunas
personas
pero
sería absolutamente irreal.
En
todo caso es el país donde eso se produce cuando tiene el que tiene que
exigir.
Lo que sí es cierto es que cuando se trata de crímenes o de posibles
crímenes
tan
nefandos, horrendos, como son los de terrorismo o desde el Estado lesa
humanidad,
etc., el tiempo que tiene que pasar; es decir, nunca se exige o se aplica
la
justicia normalmente inmediatamente. Si ustedes atienden, por ejemplo, el caso
de
Argentina.
El caso de Argentina, recordarán, después de la dictadura hubo un
procedimiento
ejemplar que fue la causa contra los responsables de las juntas
militares
y algunos otros responsables civiles y penales y militares de los crímenes
de
lesa humanidad allí cometidos. Sin embargo, inmediatamente se tuvieron que
aplicar
leyes de perdón y de obediencia de vida. Ha sido treinta años después
cuando
esas leyes han sido anuladas por la Corte Suprema de Argentina y es ahora
cuando
esos delitos entonces impunes se están investigando. ¿Quién iba a prever
eso?
Pues probablemente pocos.
P/:
En
su libro “Un mundo sin miedo” es citada la frase “el automatismo y
formalismo
en la aplicación de las normas sólo lleva a la injusticia”. ¿Podría ser
aplicada
dicha frase en el entorno venezolano y si es así podría explicar un poco.
R/:
Sí,
cuando yo hablo de automatismo y formulismo es un poco también con el
símil
que utilizaba parafraseando a Montesquieu que los jueces son la boca muda
que
aplica la ley. Es decir, yo no creo que el juez sea como decía en mi
presentación
un
medidor de normas. Para eso no se necesita ser juez, se puede ser un gestor
cualquier
y ya está, ¿no? Es decir, si esto es así y tiene que ser el resultado este,
hágase.
Es decir, el juez es algo más. El juez tiene que partiendo de la ley y de la
interpretación
de la ley tratar de hacer justicia. Para eso tiene el nombre de juez. En
esa
aplicación de la justicia hay colegas que optan por el formalismo, por la
exigencia
de
las formas como requisito sine
quanon.
Yo soy poco formalista en el sentido de
que
me gusta ir al corazón del asunto, buscar todos y cada uno de los elementos,
con
todas y cada una de las garantías, pero no poner falsas reglas, falsos
formalismos,
para evitar llegar a ese corazón del asunto porque puede haber razones
ocultas
que no quieren ponerse sobre la mesa.
Por
tanto soy un hombre garantista, pero no soy hipergarantista, en el sentido de
que
si las garantías son 10, me gusta aplicar las 10. Pero no inventarme 5 más
para
no
hacer justicia. Y eso es lo que yo quiero decir con las exigencias y los
automatismos.
Es decir, aplicar la ley formalmente implica falta de compromiso. Yo lo
escenifico
con el símil y decir que es hacer la siguiente pregunta. Si tú no haces la
siguiente
pregunta, puedes dar una respuesta. Si formulas esa siguiente pregunta, te
leva
a una tercera y a una cuarta y a una quinta. Al final te has complicado la
vida y
resuelves
7 y el formalista ha resuelto dos y probablemente de forma distinta. ¿Es
legal
el primero, es legal el segundo? ¿Es más justo el segundo, menos justo el
segundo?
Moderador:
Muy
bien. Y agradeciendo la atención que ha tenido el Juez Baltasar
Garzón,
voy a comentar el documento simplemente comentarles que los periodistas
y
trabajadores de la prensa y comunicadores sociales que entregaron este
documento,
es un documento a la opinión pública, basado pues en las observaciones
que
ellos hacen sobre el tema de la responsabilidad social, el tema de las
libertades
y
la libertad de expresión y por supuesto los temas de censura y de
intervención en
el
tema de la opinión pública. Este es un documento que acaba de recibir el
Juez
Baltasar
Garzón. También quiero comentarles que voy a entregarle una información,
un
video que nos hizo llegar la gente de Ciudadanía Activa para entregárselo al
Magistrado.
Igualmente quiero decirles que hay un documento, o un expediente, que
la
gente de Radio Caracas Televisión quisiera entregarle al Magistrado. Les
agradezco
que por favor se lo hagan llegar, si se pueden acercar para entregárselo.
Por
último, antes de darle la palabra al Magistrado para clausurar esta
intervención,
nos han solicitado los estudiantes que invitemos al Magistrado pues a la
asamblea
universitaria. Sin embargo pues sabemos sus limitaciones, pero lo que sí
vamos
a hacer es darles un minuto para que expliquen cuál es la representación
estudiantil
que está aquí hoy y el documento que quieren hacerle llegar.
Verónica
Aguirrebeitia de la Universidad Monte Avila va a ser quien va a
presentar,
tenía otros dos, pero como son más.
Verónica
Aguirreibeita, Universidad Monte Avila: En
verdad es algo bastante
breve,
primero que nada queríamos saludar al Magistrado Garzón y darle una
calurosa
bienvenida a nuestro país. Básicamente lo que venimos a decirle es que
nosotros
los estudiantes, los jóvenes universitarios y como demócratas que somos
venimos
a hacerle entrega de esta carta donde manifestamos el sentir de la situación
que
está pasando en Venezuela actualmente.
Con
esta carta que entregamos en sus manos confiamos ser para usted a partir de
ahora,
en lugar de una noticia de periódico un rostro, un sentimiento y un corazón,
la
juventud
de Venezuela.
Por
último queríamos preguntarle si usted accede a ello, hacer públicas las
palabras
que usted hoy ha presentado aquí porque de verdad representa lo que
todos
nosotros queremos para nuestro país y los ideales por los que estamos
luchando
hoy en día.
R/:
Yo
os doy el discurso no en este momento porque difícilmente lo vais a
entender,
pero sí me comprometo a través de la organización y la próxima semana lo
tendréis
aquí y las respuestas si están grabadas se pueden sacar. Solamente quería
decir
gracias por estos documentos que me entregan y demás, lo que quiero es sí
dejar
muy claro que no los tomo como juez. Es decir, no puedo ni tengo jurisdicción
aquí
para intervenir, lo tomo como persona comprometida por los derechos y sobre
todo
para conocer más allá de lo que ya conozco y me preocupa lo que sucede en
cualquier
país y mucho más cuando sucede en un país de Iberoamérica, lo único que
sí
quiero decir, específicamente a los estudiantes, antes lo he dicho, es que la
fuerza
y
la rebeldía de la juventud y de los estudiantes es el motor y la salvia
futura y
presente
de una sociedad y por tanto es necesario que eso se dinamice y se
proyecte
hacia la obtención de mayores cuotas de libertad, aquí y en cualquier país
del
mundo.
Moderador:
Muchas
gracias por su participación, por sus preguntas y
especialmente
al Magistrado Baltasar Garzón por su excelente exposición y por las
preguntas
que aquí nos ha respondido, hay una última que decía y no es una
pregunta
sino, está de acuerdo con Voltaire, no estoy de acuerdo contigo pero
moriría
por tu derecho a decirlo.
R/:
Creo
que ésa es la esencia de la discrepancia y la esencia de la libertad, poder
decir
aquello que se piensa aunque el que lo recibe o el que lo pronuncia no esté
de
acuerdo
contigo, es la esencia de la democracia, si no es así no hay auténtica
libertad.
Moderador:
Nuevamente
muchísimas gracias.
Presentador:
Muchísimas
gracias al Juez Baltasar Garzón, también al Presidente
de
Conindustria Eduardo Gómez Sigala y por supuesto a todos ustedes, señoras y
señores,
ya que de esta manera damos por terminadas las deliberaciones de nuestro
XXXVII
Congreso Internacional de Conindustria, dedicado a La Empresa como Actor
de
Desarrollo. Queremos dar las gracias a todos los asistentes quienes
permanecieron
en esta sala durante todo el día de hoy, dándole la bienvenida a este
evento
anual que se ha erigido como foro de debates internacional. Agradecemos la
participación
de todas las personalidades que se dieron cita hoy, empresarios,
dirigentes
gremiales y sindicales, personalidades y sector académico, políticos,
representantes
de los medios de comunicación social, representantes de la sociedad
civil.
Agradecemos
al público asistente permanecer en la sala para dar inicio en los
próximos
minutos de la celebración del Día de la Industria. Mientras tanto
aprovechamos
la oportunidad para recordar y reiterar nuestro más cordial
agradecimiento
a las empresas patrocinantes: Mercantil Banco Universal, Empresas
Polar,
Corimon, C.A., Siderúrgica Venezolana, Sivensa; Dana de Venezuela,
Danaven;
Banco Interamericano de Desarrollo, Corporación Andina de Fomento,
Cigarrera
Bigott, CANTV, Procter & Gamble de Venezuela, Stanford Bank, Compañía
Anónima
Central Banco Universal, Gargill de Venezuela, Bancaribe, Cemex
Venezuela
S.A.C.A., Central El Palmar, Banco Occidental de Descuento BOD,
Industrias
Venoso, C.A., Corporación Grupo Químico, Plumrose Latinoamericana,
C.A.,
Movistar, Smurfit Cartón de Venezuela, Industrias Alimenticias Corralito,
S.A.,
Espiñeira,
Sheldon y Asociados, Kraft Food de Venezuela, C.A., Ama de Casa,
Central
Azucarero Portuguesa, Acumuladores Duncan, C.A; C.A. Sucesora de José
Puig
& Cia, Digitel, Industrias RR,C.A. (RORI), Hotel Radisson Eurobuilding, El
Nacional,
Delcop, Embutidos Arichuna, Diageo, Apuros.com, Civea y Ayuda 24.
Gracias
a todos por su compañía. Les reiteramos que aún tenemos motivos para
mantenernos
presentes en esta jornada que ahora pasa a la fase de celebración del
Día
Nacional de la Industria y la juramentación de la nueva directiva de
Conindustria.
Quedan
todos invitados y en sólo minutos estaremos dando inicio a la siguiente fase