Opinión
Mabel GARCÍA JIMÉNEZ
Noticiero Digital


Crónicas de un juicio… continuación

“Felipe Rodríguez está aquí porque está convencido que si un Régimen comete injusticias o niega los derechos a alguien, el único lugar para un hombre libre y justo, es la cárcel”

Hoy es pertinente relatar lo acontecido el día 8 de abril de este año, en el Tribunal Cuarto en funciones de Juicio a cargo de la ciudadana Migdalia Añez. Ese día correspondía el acto más importante de este oprobioso juicio, la declaración del G/D Felipe Rodríguez, quien inicio su testimonio narrando sus orígenes y explicando al tribunal y a la audiencia repleta de personas interesadas en oír su declaración, por qué al inicio del juicio al ser interrogado por su profesión, contestó con voz firme y decidida: DISIDENTE y a la pregunta de lugar de residencia: EL HELICOIDE.

El General tenía que explicar al tribunal y a los representantes del Ministerio Público, fiscales auxiliares, ciudadanos Jhony Méndez y Narda Sanabria, como fue su proceso de formación de valores y principios y el deber ser, por lo que expresó: “Disidencia se entiende como divergencia, separación de una organización al no estar de acuerdo con los patrones que la rigen. Políticamente hablando, la disidencia ocurre cuando el estado de derecho es malo o no existe y el Régimen actúa arbitraria y fraudulentamente. En ese caso, está plenamente justificada si hay libertad de pensamiento y de expresión del mismo, aún cuando sea reprimida. Al Felipe Rodríguez declararse DISIDENTE está haciendo uso de los Derechos Naturales garantizados por una Constitución, frente a un Régimen que considera actúa arbitraria y fraudulentamente, donde el estado de derecho hace mucho dejó de existir, y por cuya restitución no hay que dejar de luchar para lograr que en verdad exista Democracia”.

Explicaba o mejor dicho trataba de explicar su condición de objetivo político y así expresaba en medio del ruido de los fiscales auxiliares del Ministerio Público y de la ciudadana Jueza: “Felipe Rodríguez afirma ser blanco de la selectividad victimizante del Terrorismo de Estado… había que fijar un blanco lógico de algún integrante de la Plaza Altamira para lograr sus propósitos”.

“¿Sugestión, manipulación, satanización? Pero una cosa es cierta; los hechos dan la razón a lo que afirma Felipe Rodríguez”.

Él seguía incólume, firme, digno en su exposición cuando comenzaron las interrupciones de la Jueza, a lo que las abogadas defensoras argumentaron lo correspondiente, pero siempre se escuchaba lo mismo “SIN LUGAR EL PLANTEAMIENTO DE LA DEFENSA”. Seguía él convencido de lo que afirmaba en su declaración, cuando nuevamente comenzó a hacer el juicio a la justicia penal venezolana, comparándola por la experiencia por él vivida en Alemania y la radiografía de la actual administración de la justicia penal en Venezuela.

Nuevamente se escucha la voz de la señora Juzgadora: “Limítese a los hechos”.

Intervienen los fiscales auxiliares del Ministerio Público: “Ciudadana Juez ya estamos cansados de oír sobre la niñez del General y de todo lo que ha dicho, que se limite a los hechos”.

¡A lugar! gritó emocionada la señora Juzgadora.

Pero ¿cuáles son los hechos? Los hechos son que estamos frente a un juicio eminentemente político, en el que se juzga la disidencia. Entonces, me pregunto yo: ¿no es relevante la experiencia adquirida a través de toda una vida, que inspira los valores y principios que defiende y que lo llevaron a esa disidencia? Evidentemente que sí.

El General desde el podio en que se encontraba entre la señora Juzgadora y los representantes del Ministerio Público, trató de continuar su brillante exposición que tenía embelesada a toda la audiencia. Y siguió: “Empezaron a crear el mito del Cuervo y a sus propósitos rotularon a gran escala a un individuo de malo, de enemigo o de villano, para provocar su aniquilamiento con el verbo o con el arma. Ustedes lo vivieron en esta sala, son mis testigos de excepción”.

La audiencia continuo plagada de sucesivas interrupciones de la Jueza, la defensa hizo lo imposible por defender los derechos constitucionales del General, hombre irreductible, trayendo como consecuencia la expulsión de la sala de una de sus miembros, frente a este hecho la otra representante manifiesta su decisión de abandonar el recinto, quedando el General desprovisto de abogados y con la venia de la señora Juzgadora, los fiscales auxiliares del Ministerio Público continuaron interrogándolo a pesar de que él ya había manifestado en medio de los gritos de éstos que ¡no!, no iba a continuar declarando, “por dignidad y respeto a su persona no toleraría una sola pregunta del único e indivisible Ministerio Público, cabeza de playa de la perversión de la justicia en Venezuela”. Allí se quedó él entre el público que no lograba dar crédito a lo sucedido, y con el amor de los venezolanos que creemos en el deber ser y la deuda de una patria herida, que implora porque los valores y los principios de la justicia vuelvan a su cauce natural… ¡Y volverán!.