Una fuerte defensora de los presos políticos en Venezuela
El Nuevo Herald
Rui Ferreira
4 de Febrero, 2008
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En un rincón del condado
Miami-Dade, entre una estatuilla de la Virgen María y un piano sobre el cual
están depositadas partituras de salmos, se lucha denodadamente por los presos
políticos venezolanos.
Es la casa de una activista católica que se desvive por la defensa de los
presos políticos en su país, Patricia Andrade. Para ello creó la organización
Venezuela
Awareness, con la cual está tocando todas las puertas, incluso las que no se
abren, para que la ayuden a sacar a 25 hombres y mujeres que se consumen en la
cárcel por el simple delito de disentir del gobierno.
La cuestión, dice, ``es que si no se lucha por esos 25, mañana podrán ser
muchos más''.
De nada han valido los consejos derrotistas, desalentadores, pues para Andrade
no importa siquiera que el presidente Hugo
Chávez sea poderoso. Con fe y esperanza le basta para sacarlos de las
prisiones.
''Yo me coloco en manos de Dios. Si me pongo a pensar que Chávez tiene todo
el dinero del mundo y yo nada más que la verdad, pudiera desalentarme' ',
admite con una sonrisa y una expresión incisiva.
Pero no, no se desalienta. En parte porque cree firmemente que la defensa de
los derechos humanos pasa siempre por la divulgación en el extranjero de las
violaciones ocurridas en el interior del país.
Dueña de una extraordinaria capacidad de expresión y una locuacidad única,
Andrade se despierta literalmente leyendo en su Blackberry las últimas
noticias de Venezuela.
Aún acostada, llama a sus contactos en el terreno, recibe los últimos
informes y a media mañana muchas ONG o entidades hemisféricas ya están al
tanto de eventuales violaciones de derechos humanos.
No fue fácil. Hubo que imponerse. Dicen quienes la conocen que Andrade es muy
persistente.
'Lo de la OEA fue una `matraca'. El embajador de Chávez siempre arriba de
nosotros, pero al fin logramos que la comisión interamericana [de derechos
humanos] nos escuchara'', añade la activista, recordando los correcorres que
se armaron en los pasillos de la Organización de Estados Americanos hace un
buen par de años, cuando ella denunció ante la institución por primera vez
la existencia de presos políticos en Venezuela.
Andrade nació hace 42 años en Puerto Ordaz, al oriente de Caracas,
pero por amor se instaló hace 20 en Estados Unidos.
''Mi esposo estudiaba acá, aquí obtuvo un empleo, y como no creo en eso de
estar casados y vivir en países diferentes, vine para acá, pues'', explica.
Debajo del brazo trajo un diploma de abogado, pero nunca ejerció. Por casi
dos décadas trabajó en diversas empresas, negocios y comercios, y dedicó
una infinita cantidad de horas voluntarias a la Iglesia.
Incluso ahora, pese a los avatares de la lucha por los presos políticos,
Andrade sigue dando clases de catequismo en una iglesia sin cobrar un centavo.
''Hay niños que llegan de Cuba
y no saben quién es María o Jesús. Yo se los enseño. Es como sembrar una
semilla que dos años después fructifica con la comunión. Todo el mundo sabe
en la iglesia que yo lloro cuando hacen la comunión, me emociono mucho cuando
veo los niños sabiendo qué es la religión'', afirmó.
Pero un día del 2002, en el estado Táchira de su país, las autoridades
chavistas detuvieron a un grupo de venezolanos rápidamente identificados por
la oposición como presos políticos, y Andrade comprendió que iba a comenzar
una nueva etapa en su vida.
Se despidió del empleo, desempolvó el diploma de abogado y creó Venezuela
Awareness.
''Un preso político es un ser absolutamente solo que lo necesita todo. Al
preso no sólo tienes que alimentarlo, como vestirlo y buscarle un abogado. Y
eso es algo que alguien tiene que hacerlo'', explica la activista.
Lo primero que hizo fue contactar organizaciones internacionales de derechos
humanos y convencerlas de que pusieran a los presos políticos en sus agendas.
Tampoco fue fácil, pues hasta la misma oposición venezolana no ayuda mucho,
ya que, al parecer, no tiene una percepción clara de las necesidades de los
presos políticos.
''Me dicen que no se puede hacer nada y eso no es cierto. Hace días hubo
manifestaciones en Caracas,
pero la oposición iba por un lado y los familiares de los presos por otro.
Eso no lo entiendo'', se queja Andrade.
Es que ''si hay un solo preso político en la cárcel, yo vivo full
por liberarlo'', destaca.
¿Cómo es posible que tras tantos años en Estados Unidos todavía sienta
intensamente por Venezuela?,
pregunto.
''Siempre he creído que la raíz es sagrada. No pretendo borrar los años que
llevo en este país; yo amo a Estados Unidos, pero mi raíz está en
Venezuela, y Venezuela
está pasando por una crisis, y yo tengo que sacar lo mejor de mí por mi país'',
responde.
Andrade logra una conciliación hogareña interesante. Los hijos hablan en
inglés, ella se comunica con el esposo en español.
El Día de Acción de Gracias ''todos somos lo más gringos que puedas
imaginar'', dice, pero en la Cena de Navidad, ``es Venezuela
quien se sienta a la mesa''.