08 julio 2014

Ana Rodríguez Brazón || [email protected]

Rodeado por cinco encapuchados, José Arias fue atacado con piedras y palos el 18 de febrero en la avenida Cedeño. En el piso, luchando por levantarse a pesar de la herida de bala en el glúteo izquierdo que minutos antes le ocasionaron los mismos grupos armados que lo golpeaban, pudo escapar y ser trasladado por estudiantes a un centro asistencial.

Ese día una nueva protesta en contra del Gobierno de Nicolás Maduro, motivó a Arias, desempleado desde hacía cuatro meses, a dejar a su hijo en el colegio y sumarse a la manifestación que entregaría un documento en la Fiscalía. Lo que no sabía, es que su nombre también reposaría en una carpeta del sistema judicial venezolano, pues su caso aún no se resuelve.

Entre las 3 y 4 p.m, Arias escuchó varias detonaciones. Una de ellas la que impactó en la cabeza de Génesis Carmona, con quien había conversado horas antes sobre lo mal que estaba el país. En medio de la incertidumbre, subió a mediar con el grupo agresivo para que no siguieran disparando. Arias todavía no sabía que su compañera de hace unas horas estaba herida. “Sólo vi cuando trasladaron a Génesis en la moto. Mi esposa me había dicho que no fuera”.

“Vivo en mi propia cárcel”

Jul 8, 2014

Casi cuatro meses y medio han pasado desde aquel 18 de febrero en el que Génesis Carmona recibió un disparo en la cabeza, que luego terminaría con su vida. Los remanentes de aquella trágica tarde, aún continúan asechando las vidas de otras víctimas.

José Miguel Arias aún tiene en su glúteo izquierdo una bala disparada por los encapuchados violentos que marcaron ese día con sangre, y corre el riesgo de no poder volver a caminar si no se somete a una cirugía pronto.

http://el-carabobeno.com/portada/articulo/85011/solo-quiero-un-pas-libre-para-mis-hijos